miércoles, 7 de noviembre de 2018

Vindicación de los derechos de la mujer



vindicación de los derechos de la mujer
Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas.
Mary Wollstonecraft






Cuando en 1994 Marisa Barreno, entonces editora de Cátedra, me propuso traducir A Vindication of the Rights of Woman, yo solo sabía de la autora lo que había escuchado, un par de años antes, en una serie de conferencias sobre mujeres escritoras dictadas en la Universidad de California en San Diego. Recordaba sobre todo datos de su corta pero prolífica vida.

Mary Wollstonecraft nació en Londres a finales del siglo xviii y era la segunda de siete hermanos y hermanas. Aunque por pertenecer a una familia de clase media-alta estaba destinada a una vida acomodada y al matrimonio, tuvo que salir de su hogar con diecinueve años para convertirse en dama de compañía de la viuda de un comerciante de Bath. Las imprudentes decisiones de su padre, un ser voluble y colérico, habían consumido la fortuna heredada en empresas ruinosas de agricultura que habían obligado a la familia a sufrir sucesivas mudanzas de un lugar a otro en Inglaterra y Gales, sin contar nunca con una residencia fija y duradera. A los dos años de su marcha, una grave enfermedad de su madre hizo que Mary corriera a su lado para cuidarla en el lecho hasta su muerte, que no tardó en llegar.

Tal vez porque ella no había podido disfrutar de una educación reglada y, sobre todo, porque necesitaba un medio aceptable de ganarse la vida, se le ocurrió fundar una pequeña escuela en Newington Green junto con su hermana Eliza y su amiga del alma Fanny Blood. Fueron unos años de enorme crecimiento intelectual y sensación de independencia. Pero Fanny resultó más convencional de lo esperado y accedió a una propuesta de matrimonio que la llevó a vivir en Portugal. Allí murió de parto en 1785, acompañada por Mary, quien no había vacilado en abandonar la escuela a su suerte cuando recibió la llamada de su amiga y supo lo deteriorada que estaba su salud.

A su vuelta a Gran Bretaña, con el proyecto de la escuela fracasado y a punto de convertirse en una solterona, la abatida Mary aceptó un trabajo de institutriz en Irlanda para una familia notable. Sin embargo, al cabo de un año su situación le resultó tan insoportable que abandonó el puesto, decidida a abrirse camino como escritora. Para lograrlo, se trasladó a Londres, aprendió francés y alemán, y comenzó a obtener algunos ingresos traduciendo textos y escribiendo reseñas. Por entonces, su universo intelectual se amplió gracias al editor liberal Joseph Johnson. Fue en esta época cuando Mary mantuvo su primera relación amorosa con el intelectual y pintor de difícil clasificación Henri Fuseli, que estaba casado. Pero los amores acabaron naufragando, y Mary huyó a Francia para poner tierra de por medio y, de paso, contemplar con sus ojos la Revolución francesa. En París conoció a Gilbert Imlay, adinerado aventurero estadounidense de quien se enamoró y por quien dos veces intentó suicidarse. Rechazada y próxima a la desesperación, regresó a Londres en 1795 con la hija que había tenido con el estadounidense. Poco a poco fue recuperando su antiguo círculo literario. Por mediación de Joseph Johnson conoció al filósofo William Godwin, su relación más sólida, porque él sí la quiso: ambos fueron creando un lazo estrecho y apasionado que concluyó en matrimonio cuando Mary quedó embarazada. Pero esta vida estable y plácida fue breve. Tras dar a luz a su segunda hija ―la futura autora de Frankenstein, Mary Shelley―, murió de fiebres puerperales en 1797.

A Vindication of the Rights of Woman (1792) no fue la primera obra escrita por Mary Wollstonecraft, ni la más apreciada en su momento. En 1778 había publicado una novela mediocre, Mary, A Fiction, inspirada por la muerte prematura de Fanny Blood; y sus experiencias como maestra e institutriz le sirvieron para componer dos tratados sobre educación, Thoughts on the Education of the Daughters (1787) y Original Stories from Real Life: with Conversations Calculated to Regulate the Affections and Form the Mind to Truth and Goodness (1788). Su respuesta de 1790 a la crítica conservadora de Edmund Burke a la Revolución francesa, A Vindication of the Rights of Man, tuvo bastante repercusión, y no solo por abordar un tema muy alejado de los intereses que se les suponían a las escritoras contemporáneas. Dos años más tarde, movida por esta acogida, llegaría su vindicación de los derechos de la mujer, que también fue bien recibida.  No obstante, la mayor contribución a la literatura inglesa de Wollstonecraft la constituyó un libro de viajes, Letters Written during a Short Residence in Sweden, Norway and Denmark (1796), donde en veinticinco cartas, dirigidas a un amante anónimo, narraba su inusitado viaje por Escandinavia, acompañada por su hija pequeña y la niñera, con la misión sorprendente de encontrar a un capitán perdido y recuperar el barco y su cargamento que pertenecían al aventurero Imlay. El gusto de la época por los viajes, unido a la excepcionalidad de la obra dentro de su género al combinar una travesía sentimental con un lúcido tratado de etnografía y política, determinó su éxito y su traducción inmediata a lenguas como el alemán, holandés, sueco o portugués.
 
Tras su muerte, Godwin pensó que el mejor modo de recuperarse y honrar a su esposa era escribir una biografía, que tituló Memoirs of the Author of a Vindication of the Rights of Woman. Pero su publicación en 1798 produjo el irónico efecto de suscitar tal cantidad de críticas hacia la vida sin ataduras de Mary que su obra, también denostada, acabó cayendo en el olvido. La demanda de una educación racional para las mujeres, que la mayoría de sus congéneres había aceptado, perdió fuerza al quedar implícito que significaba libertad sexual. Pocas de las feministas posteriores del conservador siglo xix se atrevieron a admitir a las claras la influencia de Mary Wollstonecraft. Sin embargo, el paso del tiempo le hizo justicia, y en el siglo xx emergió un interés renovado por la originalidad de sus vindicaciones y otros escritos que fue acrecentándose y se mantiene en la actualidad.

Cátedra fue la primera editorial que se propuso publicar la versión íntegra y anotada de Vindicación de los derechos de la mujer en castellano, dentro de su colección Feminismos, precedida por una brillante y amena introducción de Isabel Burdiel, a la que pertenecen las siguientes palabras:

Decir que Mary Wollstonecraft, la autora de la Vindicación de los derechos de la mujer, fue (al menos en parte) el producto de una «dama decente» malograda por circunstancias ajenas a su voluntad no es una provocación, ni una explicación psicologista, en clave reaccionaria, de su revolucionaria y escandalosa vida. Es intentar explicar ―a través de una peripecia individual singular― las condiciones posibles del despertar de una conciencia crítica respecto a un modelo social, económico y cultural de «ser-mujer» que se vivió desde dentro, en toda su dolorosa y agria faz oculta. Es intentar explicar, también, cómo el vacío creado por la pérdida de ese modelo se puede llenar de pasividad, de resentimiento o de acomodo. Las hermanas de Mary ―tanto las  literarias como las que podríamos llamar sus hermanas de destino, sus contemporáneas―, en mayor o menor grado, así lo hicieron. Aquel vacío se podía llenar también de un ardiente esfuerzo de crítica y de resistencia respecto al modelo mismo, hasta sus últimas consecuencias. Eso es lo que hizo Mary Wollstonecraft, para quien su vida y su obra fueron empeñadas, si se puede decir así, «en defensa propia».
   
La lectura de su obra y de su vida sigue resultando reveladora para las mujeres del siglo xxi que, en palabras de Isabel Burdiel, «buscan un modo de expresión personal y colectiva capaz de hacer saltar ―no ya exteriormente, sino interiormente― los estereotipos genéricos del ser y del actuar». Y no solo para las mujeres, si la tarea de deconstruir el patriarcado esclavizante se acomete de verdad por la sociedad completa.

Vindicación de los derechos de la mujer
La editorial Cátedra acaba de reeditar este libro en su colección Clásicos del Feminismo. Al hojear uno de los ejemplares que me han enviado, recuerdo cómo me documenté antes de iniciar la traducción, mis conversaciones con Marisa Barreno ―que me encargó la traducción de muchísimos más libros con el paso de los años y con quien siempre fue un gusto trabajar― y, sobre todo, cuánto disfruté desentrañando sentidos, buscando las palabras justas con que verter los argumentos vehementes pero racionales de Mary en su inglés dieciochesco a un castellano equiparable (y entendible):

Así, es el afecto por el conjunto de la raza humana lo que hace a mi pluma correr rápidamente para apoyar lo que creo que constituye la causa de la virtud; y el mismo motivo me lleva a desear honradamente ver a la mujer colocada en una posición desde la que adelantaría, en lugar de retrasar, el progreso de aquellos gloriosos principios que dan sustancia a la moralidad. En efecto, mi opinión sobre los derechos y obligaciones de las mujeres parece brotar de modo tan natural de esos principios fundamentales que pienso, aunque no sea muy probable, que algunas de las mentes preclaras que dieron forma a vuestra admirable constitución coincidirían conmigo.

Mary Wollstonecraft está muerta y no puede modificar lo que escribió. A mí, que estoy aún viva, me habría gustado revisar mi traducción, porque han pasado los años, soy perfeccionista y ahora sé más. Pero no ha sido posible. En esta nueva edición, parece que todo está como se publicó por primera vez en aquel ya lejano 1994. Os animo a leerla, a hacer críticas y sacar conclusiones.    

Referencia bibliográfica:
Wollstonecraft, Mary (2018): Vindicación de los derechos de la mujer. Ed. de Isabel Burdiel; trad. al castellano de Carmen Martínez Gimeno, Madrid: Cátedra, 404 pp.


La lengua destrabada

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