jueves, 2 de marzo de 2017

Papá soldado

Papá soldado
Cuando hace unos años levantamos la casa de nuestros abuelos paternos para venderla, había tal maremágnum de cosas que nos costó trabajo decidir qué repartir entre las hermanas y qué tirar o regalar. Conservamos desde luego documentos, correspondencia y fotos, estas últimas guardadas en oxidadas cajas metálicas de dulce membrillo las más pequeñas y en cajas de cartón las grandes, algunas muy vistosas venidas desde Rosario (Argentina), ciudad a la que en su juventud había emigrado desde Murcia un hermano de nuestra abuela Lola.

Conocíamos de sobra a nuestros antepasados que aparecen posando con sus mejores galas en las fotos grandes: el bisabuelo Jacinto con sus largos bigotes, la bisabuela Lola muerta a los veintinueve años, probablemente de fiebres puerperales, dejando cuatro huérfanos de corta edad; los hermanos de la abuela Lola y sus familias; los padres del abuelo Antonio y sus hermanas; los abuelos Lola y Antonio con sus hijos… Habíamos oído hablar de todos ellos durante la infancia y todavía recordamos detalles de sus vidas y vicisitudes.

Pero quedan muchas fotografías sin clasificar y, cuando nos sobra tiempo y estamos juntas algunas hermanas, nos entretenemos repasando la abigarrada colección que poseemos de gente extraña posando en actitudes cuyo sentido las más de las veces ignoramos y nos mueve a comentarios jocosos. Si en el reverso las imágenes llevan una de esas rebuscadas dedicatorias escritas a pluma con la alambicada letra de finales del siglo xix o comienzos del xx,  a veces somos capaces de conjeturar quién es la persona retratada y qué relación guarda con nuestra familia.  Pero nunca se nos había pasado por la cabeza que del limbo de las fotos irreconocibles pudiera surgir un descubrimiento que en lugar de risa nos causara lágrimas.

batalla del EbroLa vimos hace un par de días: es una instantánea en blanco y negro diminuta, dentada, en la que hasta ahora nadie nos habíamos fijado. Posan en ella tres chicas ante la puerta de un zaguán y detrás, escrito a pluma con letra apresurada difícil de leer, aparece el siguiente texto, que logramos descifrar entre mi hermana Mercedes y yo: «Mi prima Finí, mi Lilí y mi Loli, prima, hermana y prima respectivamente. Quiero como es natural más a mi Lilí pero a las primas también las quiero y que sirvan estas letras como testimonio de que no las olvido desde aquí, en campaña, 29-7-38».  Observamos con mayor detenimiento la foto y, sí, allí estaba en el centro Lilí, la hermana menor de nuestro padre, y sus primas carnales Finí y Loli, con las que mantenían  una estrecha relación. ¡Nuestro padre, que entonces tenía diecinueve años, había escrito ese texto desde el frente! Comprendimos que Lilí lleva el pelo corto y va más abrigada que sus primas porque, según tantas veces nos contaron, después de huir de Madrid a Murcia cuando bombardearon su casa del Paseo de Extremadura, enfermó de tifus y estuvo a punto de morir…

Nuestro padre soldado… un niño en la guerra, aferrándose para sobrevivir al cariño hacia las mujeres de su vida por entonces: su hermana y sus primas.  Había escrito ese texto mientras combatía por la República en la batalla del Ebro junto con otros niños incluso más jóvenes que él. Qué lejos quedaba entonces otra imagen del mes de marzo del año en que estalló la guerra civil en la que aparecen alumnos del Instituto San Isidro, de los cuales nuestro padre escribe, con mucho mejor letra, en el reverso: «Fotografía de los muchachos que componían el grupo que durante el 17 de marzo (San José) fueron a pasar la mañana a Puerta de Hierro. De izquierda a derecha, Ángel Centenora, Luis Sánchez López, Gil Salvide, Ludovico Bendiocho, Qu. M. […] Manuel Sardiña, Escobar, Mijatvila, 2 de tercero, Algora de 5º curso y Zarco de 6ª. Todos los demás estudiábamos 6º».

Instituto San Isidro de MadridNuestro padre es el quinto de la última fila, contando desde la izquierda. Sabemos que estaba preparando el examen de ingreso para la Escuela de Ingenieros Agrónomos cuando la guerra le destrozó el futuro. ¿Cuántos de los compañeros de esa foto conseguirían sobrevivir como él?   

Ya no queda nadie de nuestras generaciones precedentes capaz de volvernos a contar las historias de la guerra civil que escuchábamos de niñas como quien oye llover cuando surgían, por ejemplo, al quejarnos porque no nos gustaba alguna comida. Nuestra madre, apenas adolescente durante aquellos terribles años, nos hablaba de las mondas de patatas que comían en ensalada en el Madrid sitiado, y nuestro padre, de los saltamontes que sabían a gloria en el frente cuando en los campos ya no quedaba nada que cazar ni cultivos que recoger, su batallón de zapadores retrocedía cavando trincheras y él aprendió a dormir de pie para intentar sobrevivir.

Nuestro padre fue un grano de arena arrastrado contra su voluntad por el viento de una guerra fratricida. Emocionada todavía por el hallazgo de la foto que tal vez le sirviera de sostén en la derrota de la batalla del Ebro, pienso en las personas a lo largo del mundo que ahora mismo pasan hambre y frío, que deben dejar sus casas bombardeadas, que pierden a sus seres queridos y que no encuentran refugio en esta opulenta y egoísta Europa.   

           


¿Te gusta este blog? Te animo a leer alguna de mis novelas 

2 comentarios:

  1. Emocionada por tu texto, no sé si podré terminar el mío. «Nuestro padre fue un grano de arena arrastrado contra su voluntad por el viento de una guerra fratricida», tan bello por fuera como doloroso por dentro. Y sí, a mí también me regañaron cuando me quejaba de la comida, yo que nunca he pasado hambre, solo unas poquitas ganas de comer de lo que se me antojaba comer. Y siendo terrible, terrible y terrible todo lo anterior, me parece que lo es aún más lo de ahora. ¡¿No hemos aprendido...?!

    Gracias por la emoción y por la reflexión a la que me ha llevado. Tuve que haber escuchado más. Ahora yo tampoco tengo quien me cuente sus batallitas, ni de quien aprender tantas cosas que necesito.

    Seguiré leyéndote.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que termines tu texto, Rosa Marina. Me gustará mucho leerlo. Qué pena que ya no estén los que nos hablaban de la guerra, ahora que los escucharíamos con gusto. Así es la vida...

      Gracias por leer este texto que escribí casi con arrebato cuando descubrimos el significado de la foto.

      Un cordial saludo y hasta siempre.

      Eliminar