miércoles, 20 de marzo de 2013

Sobre la inspiración

El ala robada y otros cuentosNos dicen que, semejantes a las abejas, vuelan aquí y allá por los jardines y vergeles de las musas, y que recogen y extraen de las fuentes de miel los versos que nos cantan. En esto dicen la verdad, porque el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no le arrastra y le hace salir de sí mismo. Hasta el momento de la inspiración, todo hombre es impotente para hacer versos y pronunciar oráculos.
Platón, Ion o Sobre la Ilíada

Al fin y al cabo, cada libro, como cada persona, tiene «los defectos de sus virtudes».
José María Valverde, Prólogo a su traducción de Ulises de James Joyce

El concepto de inspiración, fuera del lenguaje de las religiones, es en buena medida estético. La palabra proviene del verbo latino inspirare, que a su vez se relaciona con los términos griegos derivados de la raíz pnu- cuyo significado es respirar, soplar. Inspiración es un sustantivo de acción con dos sentidos fundamentales: uno literal, atraer el aire exterior a los pulmones; y otro figurado, infundir en el ánimo ideas o designios y sugerir pensamientos para la composición de obras literarias o artísticas.
Los griegos y los romanos creían que la inspiración provenía de los dioses. Eran ellos los que provocaban el éxtasis o furor poeticus indispensable para la creación literaria y solo sumidos en ese frenesí  o locura poética  lograban los individuos componer sus versos épicos o líricos en la métrica que les era soplada desde fuera. Después el cristianismo determinó que la inspiración era un don del Espíritu Santo, pero lo circunscribió a la verdad revelada y escrita de los textos religiosos.
La Ilustración recuperó una máxima del griego Protágoras, «el hombre es la medida de todas las cosas; de las que son, por lo que son, y de las que no son, por lo que no son», y lo liberó del yugo de los dioses. Entonces la nueva ciencia de la psicología pasó a estudiar la inspiración y la consideró un proceso mental de cada individuo, una relación de ideas más o menos brillantes surgida por azar. Después llegó Freud y aclaró que la inspiración se generaba en el subconsciente. Por su parte, los materialistas añadieron una disputa al asunto, pues no acabaron de ponerse de acuerdo sobre si las fuentes de la inspiración eran internas o externas.
¿Se puede controlar la inspiración? Parece que no. Llega de improviso y desaparece del mismo modo. Sin embargo, buscando en Internet se encuentran muchas páginas donde dan consejos para obtenerla. No creo que sirvan más que para perder el tiempo. Cada cual ha de aprenderse su cuento en esto de inspirarse o entusiasmarse, que es un término griego más antiguo para el mismo concepto: exaltación fogosa y arrebatada del escritor o del artista.
El acto creativo es personal. Comienza con una pequeña idea, la inspiración, que va cobrando forma si se le presta la debida atención. Es nuestro soplo, y no el de los dioses, el que la hará crecer y tomar cuerpo. Nosotros la incubaremos con lo que ya sabemos y con lo que aprenderemos para que medre, recurriendo a todos los medios que tengamos a nuestro alcance: cual abejas —como lo expresa Sócrates en el discurso Ion de Platón—, libaremos de muchas flores para elaborar nuestra propia miel. Al final, buscando nuevas formas, conseguiremos alumbrar una obra distinta, peculiar, muchas veces incluso alejada de la idea inicial que nos puso en marcha.
¿De dónde proviene la inspiración?  A menudo, de donde menos se espera. Incluso un pequeño malentendido puede poner la mente en acción, como ocurrió en el caso de El ala robada.
Hace más tiempo del que puedo contar con los dedos de mis manos, con veintipocos años, la carrera recién terminada y la cabeza llena de pájaros ansiosos por volar, emprendí, acompañada por el que ha sido mi compañero de toda la vida, un viaje a México, donde nos quedamos a vivir bastantes años, que aprovechamos para estudiar, trabajar y recorrer su geografía y la de los países vecinos cada vez que tuvimos oportunidad.
Me recuerdo perfectamente paseando por la plaza de Coyoacán con una pariente que había venido a visitarnos y que me habló sobre un pueblito donde veneraban un ala de arcángel. Pocos días después iniciamos un viaje en tren de más de mil kilómetros desde la ciudad de México hasta Tapachula, frontera con Guatemala. El tren parecía de los tiempos de la revolución, con bancos corridos de madera y ventanas abiertas por las que se colaba la carbonilla. No había asientos asignados ni aseo ni restaurante, y la gente iba subiendo y bajando en las múltiples estaciones, cargada con los artículos más diversos e insólitos. También subían vendedoras de comida y bebida mientras avanzábamos por paisajes espléndidos de bosques o cruzábamos caudalosos ríos sobre largos puentes.
Las imágenes de este primer recorrido en tren y del resto del viaje que realizamos haciendo autostop en medio de la selva lacandona  son las que  intenté recoger después en mi novela, cuyo argumento originó el comentario sobre el ala del arcángel. Sin embargo, tardé mucho en la escritura porque tuve que documentarme a fondo para no cometer errores de bulto. También porque fueron surgiendo tramas secundarias a las que había que dar su lugar en el texto. Y luego, antes de haber concluido la novela, regresamos a España y empezaron unos años oscuros en los que no escribí.
Cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional lanzó su Declaración de la Selva Lacandona el 1 de enero de 1994, el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, recordé mi novela tanto tiempo postergada y al poco retomé su escritura, haciendo abundantes cambios. Esta vez, poseída de un irrefrenable entusiasmo, fui capaz de avanzar hasta terminarla. Pero la volví a guardar en un cajón, hasta que una antigua editora que había abierto una agencia literaria y sabía que yo escribía me pidió alguna de mis obras.
Y justo cuando la novela había sido aceptada por algunas editoriales y estábamos decidiendo cuál era más conveniente, volví a encontrarme con la pariente que me había proporcionado tantos años atrás la idea para escribirla. Que sepas, le dije, que aquello que me contaste sobre el pueblecito mexicano que veneraba un ala de arcángel me  sirvió para escribir una novela. ¡Cómo que un pueblecito mexicano!, me respondió divertida, si es de Valencia, y hasta hay un corral junto a la iglesia lleno de gallinas blancas para reponer las plumas que con los años va perdiendo el ala…  
Sin embargo, esta revelación llegó tarde. La equivocación ya no tenía remedio, porque para entonces en Damaseno habían comenzado las lluvias, Senén el Cojo había robado el ala, y Andrés y Silvino estaban a punto de iniciar su largo camino entre selvas y quebradas para dar con él y recuperarla.    

La lengua destrabada
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viernes, 8 de marzo de 2013

Trenza que trenza estrellas

Carmen Martínez Gimeno
Subí, subí, subí. Ya estaba bien arriba,
Cuando sentí un murmullo. ¿Era reto, diatriba?

Escuché: carcajadas, ironías, insultos.
¿Que os parezco una simia? Oh, mis buenos estultos:
¿Sabéis de cosas bellas?
Yo hace siglos que vivo trenza que trenza estrellas.
                                         Alfonsina Storni
Quien no se mueve no siente las cadenas.
                                       Rosa Luxemburg 
 Llegará, eso espero, una era en la que no hará falta este día, una era en la que la gente se admirará de que en el pasado se tuviera que luchar a brazo partido para conseguir el derecho a ser iguales. A ser visibles. A trabajar en lo que cada una quiera. Pero de momento, hasta que eso ocurra, me alegro de lo que se va consiguiendo y celebro este día de la mujer trabajadora compartiendo la lectura de un puñado de escritoras independientes.
Desde aquello del pecado original las mujeres lo hemos tenido difícil. Antes de que Eva fuera condenada por incitar a la desobediencia a Adán, este había tenido otra esposa, creada del polvo como él y no de su costilla, según la tradición apócrifa judía. Esta primera mujer se llamaba Lilith y, como se consideraba igual que Adán, se negó a yacer debajo de él. Cuando Adán pretendió someterla a la fuerza, pronunció el Nombre Inefable y huyó a las orillas del mar Rojo para vivir con los demonios. Nunca consiguieron doblegarla y prefirió el castigo divino al matrimonio patriarcal, pero lo pagó convirtiéndose en la primera mujer monstruo que por venganza enfermaba a los niños ajenos, sobre todo si eran varones. 


A partir de entonces, solo hubo dos modelos de mujer: el ángel o el monstruo. Ángel si te doblegabas a lo que se esperaba de ti; monstruo si tenías aspiraciones propias. La historia occidental habla de muy pocas filósofas, médicas, arquitectas, alquimistas, pintoras, escultoras y en cambio no faltan sibilas, brujas, hechiceras, echadoras de mal de ojo, prostitutas. ¿Y escritoras? 
Siempre las hubo. Quizá porque el acto de escribir es solitario y se puede hacer a escondidas: basta un papel y un lápiz. ¿Pero de qué podían escribir unas mujeres que desconocían el mundo y por qué lo hacían?  Sus motivos eran los mismos que nos mueven a las escritoras actuales: una inclinación natural a expresar por escrito lo que la mente recrea, ya fuera en cartas, cuentos, poemas, novelas o libros prácticos sobre buenos modales o el arte de ser esposa y madre.
Sin embargo, probar la pluma tenía sus consecuencias. Había que estar preparada para las críticas, y muchas sintieron miedo. Por eso usaron nombres de hombre e incluso se hicieron pasar por hombres. También por estar a la altura, para que dejaran de considerarlas inferiores, el sexo débil, apto solo para la belleza superficial. Las más independientes se metieron en conventos para estudiar y escribir por su cuenta. Pero tampoco fueron libres.
Hoy las que probamos la pluma escribimos de lo que queremos. Dicen que hay una literatura femenina, y es cierto en el sentido de que también hay una literatura masculina, una literatura china, una literatura árabe o una literatura española. El término femenina solo indica que es mujer quien la escribe. Nada más. Porque ahora somos capaces de escribir según nuestros intereses, cruzando géneros y modelos literarios. Y abundan las escritoras con mucho que contar.

El pórtico de la luz, de Pilar Alberdi (ebook Amazon), es un poemario corto, de versos luminosos, como presagia el título, y una madurez admirable. Se mezclan los poemas de corte clásico con otros más vanguardistas, y en todos el uso del lenguaje es exquisito, y surgen sorpresas que cambian el sentido de lo que habíamos creído entender a cada paso:

Esta inclinación a tus caricias
me convierte en humo entre tus dedos.
¡Oh, Dios!
¡Es a esto a lo que nos dedicamos;
esto, lo que hacemos con nuestra soledad!
Los dioses hace tiempo que están ciegos.
En cualquier rincón, tropieza uno
con sus bastones.
Se descubre eterno, por casualidad.
De este libro opina Manuel Alvar que «apenas se puede pensar en otra cosa que en el amor», pero tiene muchas otras lecturas sugerentes:

No someter la rosa. No desearla.
Negar su propiedad. Su fatuo.
Un vano sueño de primaveras
y otoños; oro
derretido en los ojos.
La suma de los pétalos
ver caer, como una lluvia
cautelar y profunda.
Me huelen a mar las manos
cuando digo: la rosa. […]

Citaría todos los poemas si el espacio no fuera limitado, porque su lectura merece bien la pena. Y no solo para los amantes de la poesía; también para quienes entiendan que escribir no es juntar palabras y quieran aprender de los maestros.

Bajo los tilos, de María José Moreno (ebook Amazon), es una novela de corte intimista donde se narra la mezcla de asombro y dolor que siente una hija ante la muerte repentina de su madre, aún joven, cuando ha emprendido un viaje del que nadie sabía nada.

«Mira a lo lejos, allí, María —y señalaba con el dedo a un infinito que mis infantiles ojos no lograban divisar―.  ¿Los  ves?, esos árboles tan altos, los que están al fondo. Se llaman tilos y como son enormes dan una gran sombra en el paseo. Un día te llevaré a jugar allí», decía ella mientras besaba mi sonrosada mejilla de colegiala, dejándome la huella de carmín rojo que siempre adornaba sus labios. Un ofrecimiento nunca cumplido.

 Los tilos, los árboles favoritos de la madre, guardan un secreto que la hija acabará descubriendo cuando busque bajo la aparente existencia anodina de sus padres y llegue a hechos antiguos y no tan antiguos que nunca pasaron por su imaginación. El presente dichoso de la hija que está embarazada contrasta con el oscuro pasado de la madre y poco a poco, mediante pequeñas pistas, va avanzando el relato hasta desvelar en toda su crudeza lo sucedido.   
La medida prosa de Moreno, que nos habla de las pequeñas cosas cotidianas con la misma sobriedad que desmenuza dolorosas tragedias, agiliza la lectura, y se llega al final de la novela compartiendo el sentimiento de calma de la protagonista tras el nacimiento de su hija Elenita. Acaso también con cierta melancolía. Ha sido una lectura muy agradable.   
El camino de las luciérnagas, de Mónica Rouanet (ebook Amazon). Tras este sugerente título se esconde una novela psicológica que simultanea una investigación policial sobre un accidente de tráfico que acaba de producirse con unos hechos antiguos que llevaron al suicidio de un sacerdote, profesor de latín de un colegio de curas. La narración en primera persona del protagonista abre con una declaración que imprime carácter al resto de la novela:  
Nunca había conocido a ningún Gonzalo feo ni a ningún Javier con granos, gordo o al que le oliera el aliento. Para los que nacimos en los setenta, estaba claro: el nombre marcaba a la persona.
A continuación Rouanet nos presenta personajes con nombres feísimos o apellidos inauditos que provocan risa: Atanasio Cuervo Feliz, Lilly Putt o Anselmo Pandero Toledano, entre muchos otros. Gente que intenta superar el  estigma y otra que está condenada. ¿O no? ¿Son las cosas como parecen a primera vista?


El mayor logro de la novela de Rouanet es el juego de espejos que crea; la deformación de la realidad que efectúa no solo el antagonista manipulador para sacar siempre beneficio, sino también el resto de los personajes y, en especial, el protagonista, debido a su inseguridad. Vemos lo que queremos ver o lo que creemos ver. Pero la realidad es otra, como va demostrando Rouanet a lo largo del relato, dosificando hechos, poniendo en boca de sus personajes declaraciones creíbles que más adelante resultarán equivocadas o falsas. Porque nos habla de un mundo de apariencias, y siempre engañan. El lenguaje directo y los logrados diálogos, no exentos de ironía, hacen muy amena la lectura.
Operación maletín.Serie Candela Luque, de Mercedes Gallego (ebook Amazon), es una novela policiaca clásica, narrada en tercera persona, que comienza con el descubrimiento de una chica asesinada en la habitación de un céntrico hotel de Barcelona. Entre los encargados de la investigación aparece la joven policía Candela Luque, estudiante del último curso de derecho dispuesta a hacer cambiar la España tardofranquista y patriarcal de 1975 desde dentro de las instituciones, a pesar del rechazo que suscitan los deseos de igualdad incluso entre las propias mujeres. Así explica Candela los motivos por los que trabaja en el cuerpo de policía a la gobernanta del hotel Oriente, que no la ve con buenos ojos:  


―Porque pensé que sería otra cosa. Yo estaba en oficinas y ahí no te enteras de nada. Te limitas a archivar y poco más. Fue cuando me presenté al grupo especial que convocó el ministro. Una prueba para saber si las mujeres servimos para ser policías.  
―Anda ¡qué gracia! ¿Por qué no íbamos a servir?
―Eso mismo pensé yo, por eso me presenté. En Cataluña soy la única y, en total, éramos treinta y pocas. Tampoco es que haya tenido mucho éxito que digamos.
―Desde luego que no.  A ninguna mujer normal se le ocurría hacerse policía, puedes estar segura —respondió Ana contundente.
Sin embargo, Candela demuestra con creces sus aptitudes como investigadora a lo largo de la novela, cuya trama, centrada en el descubrimiento del autor del crimen, se enriquece con pinceladas sobre la España del momento y cierto desarrollo argumental basado en los personajes secundarios. Se hace simpática esta intrépida Candela Peña que se implica tanto en su trabajo, y cuando se empieza a aclarar la motivación del asesinato y se vislumbran sus hondas ramificaciones, casi se llega a desear que ella salve el pellejo  aunque el caso no se cierre. Pero el final es otro que solo se descubrirá leyendo esta amena novela.     
El ala robada y otros cuentos, Carmen Martínez Gimeno (ebook Amazon). El libro recién reeditado consta de una novela corta que fue publicada en papel por la Editorial Edelvives y diez cuentos inéditos. La novela, relatada en tercera persona por un narrador omnisciente, tiene como punto de partida el robo de una reliquia insólita en un caserío perdido de la selva lacandona mexicana. Los vecinos, a pesar de su aparente falta de recursos, saben que han de recuperarla y eligen a dos jóvenes de la comunidad, que explican así su misión al Ejército Zapatista de Liberación Nacional cuando quieren detenerlos: 
Nuestra comunidad también sufre, no crean que no es así. Mucho le está tocando sufrir ahorita. Más que todo lo que se platicó, más de lo que se pueda imaginar. Porque no se contentaron con quitarle sus tierritas, o robarle sus animalitos, o quemarle su escuela. Vinieron de afuera y se llevaron lo mejor que teníamos, lo que nos hacía pueblo, lo que nos volvía orgullosos al mirarlo.
El reto más importante que supuso la escritura de esta novela fue hallar un lenguaje expresivo que no resultara falso en boca de sus protagonistas indígenas, pero que a la vez fuera comprensible para los lectores españoles. Escribiendo y reescribiendo, llegué a esta especie de lingua franca, una creación literaria que resulta ajena a ambos lados del Atlántico, como ajenos son también los personajes que la hablan. Si logro crear en el lector ese sentimiento de otredad, habré alcanzado mi propósito. Los restantes cuentos del libro versan sobre temas variados, pero en todos hay un cuidado especial con el lenguaje. Dos de ellos están publicados en este blog: «El sexo según Panchito» y «Cámara estéril».

Elegí la imagen de una mimosa en flor para iniciar esta entrada porque mientras fueron al colegio, todos los años mis hijos me regalaban un ramo llegado este día. Es el modo que tienen en Italia de celebrarlo y mantuvimos la costumbre. Yo deseo entregar un ramo de mimosas, aunque sea virtual, a todas las mujeres que nos leen y a todas las mujeres que escriben, a Carmen Grau, Amelia Noguera, Mercedes Pinto Maldonado, Mayte Esteban, Lola Mariné, Blanca Miosi, Carmen Villamarín, Manuela Herrero Palomar, Puri Estarli, Violeta Balian, Isabel Keats, Olga Núñez Miret, Isabel Mata y tantas otras escritoras independientes que me dejo en el tintero. A todas os dedico la bendición con la que despide su madre a uno de los protagonistas de El ala robada:
Que el ocote y la candela que se te dieron no se consuman a medio camino ni se apaguen a medio andar, que la piedra no se alce a golpearte, que no salte la alimaña para morderte, que el relámpago no asuste tu paso ni el rayo abrase el techo que te ampare, que no se te nieguen el maíz ni el agüita, que en tu entendimiento alumbre la verdad, que nunca te falte gratitud, que tus obras se eleven como árboles de sombra y buen fruto, y no se arrastren dañinas como la mala hierba.   
La lengua destrabada
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miércoles, 6 de marzo de 2013

Los usos del infinitivo



los usos del infinitivo
¿A dormir tan temprano?
El infinitivo, junto con el gerundio y el participio, es una forma no personal del verbo, caracterizada por su terminación –r  a la que se antepone la vocal propia de cada una de las conjugaciones: cantar, leer, vivir. Como el gerundio, tiene forma simple y compuesta: cantar; haber cantado.
Los infinitivos del español pueden ser verbales y nominales según los contextos en los que se usen. Los verbales aparecen en perífrasis, oraciones subordinadas, algunas construcciones dependientes no oracionales y en oraciones independientes:
1.      Perífrasis verbal: Ya nada se puede hacer por él.

2.      Oración subordinada: Lamento mucho llegar tarde.

3.      Construcción dependiente no oracional (grupo verbal): Veíamos a los barcos alejarse de la costa.

4.      Oración independiente: ¿Salir a estas horas?
Los infinitivos nominales se asimilan gramaticalmente a los sustantivos: su andar cadencioso; un rojizo atardecer. Son mucho más numerosos en la lengua literaria que en los demás usos lingüísticos y se suelen dividir en dos grupos:

1.      Infinitivos nominales de naturaleza léxica, que se presentan en los diccionarios como nombres comunes: Le comunicó su pesar por la reciente muerte. Casi todos admiten el plural: amanecer/amaneceres; cantar/cantares; decir/decires; haber/haberes; querer/quereres.

2.      Infinitivos nominales de naturaleza sintáctica, como deambular, aprender u olvidar, que no admiten plural pero sí artículos indefinidos y adjetivos: La vejez, ese olvidar incesante de lo que se acaba de hacer. Alberto continuó su deambular silencioso por la casa.    

El abundantísimo empleo del infinitivo tanto en la lengua oral como en la escrita no suele presentar dificultades en ninguna de las diversas funciones sintácticas que asume: 

·         Sujeto: Querer es poder.

·         Atributo: Vivir es luchar.

·         Complemento predicativo: La escuché llorar.

·         Complemento directo: Quiero escribir una novela.

·         Complemento indirecto: Dedica todo su tiempo a cuidar de sus hijos.

·         Construcción dependiente no oracional: De niños contemplábamos a las nubes perseguirse raudas por el cielo.

·         Complemento circunstancial: Sintió gran desilusión al hablar con él.

·         Complemento del nombre: Me agrada  su modo de sonreír.

·         Complemento del adjetivo: Será doloroso de contar.

·         Complemento del adverbio: Se  desmayó antes de empezar a cantar.

  Sin embargo, conviene tener en cuenta ciertos usos que no se consideran correctos:

1.      Infinitivo de generalización: Construcción en la que se emplea el infinitivo como verbo principal sin el apoyo de ningún otro verbo y sin que forme parte de una perífrasis verbal. Suele aparecer con «verbos de decir» o similares: Ante todo, decir que agradezco la invitación para participar en este acto. Mejor, quiero decir; he de decir; me gustaría decir. Otros ejemplos: Como conclusión, señalar que…;  añadir, para terminar, que...;  en la información deportiva, destacar que....

2.      Infinitivo en lugar de imperativo en segunda persona del plural: ¡Callar! en lugar de ¡callad!; subir en lugar de subid dormiros en lugar de dormíos.

3.      Infinitivo + se en sustitución del imperativo: Callarse todos en lugar de callaos todos; darse prisa en lugar de daos prisa.

4.      Infinitivo en lugar de presente de subjuntivo en construcciones imperativas negativas: No hacerle llorar en lugar de no le hagáis llorar; no quejarse si os perdéis  no quejaros si os perdéis en lugar de no os quejéis si os perdéis.

5.      Construcción de sustantivo + a + infinitivoasuntos a tratar; problemas a resolver. Se considera un galicismo, aunque está muy arraigado en la lengua y hay ejemplos antiguos. La Real Academia admite cantidad a ingresar cantidad a deducir porque son expresiones consolidadas en el ámbito de la economía. Sin embargo, para el resto de los casos se establece la norma de que esta construcción ha de emplearse con sustantivos abstractos como asunto, tema, ejemplo, cuestión, aspecto, punto, cantidad y similares, el verbo ha de ser transitivo como realizar, resolver y otros de significado parecido, y la preposición no debe ser intercambiable sin que cambie la construcción sintáctica por las preposiciones que, por parahorario a cumplir, mejor horario que cumplir; asuntos a debatir, mejor asuntos para debatir; cuestión a definir, mejor cuestión por definir. Hay que tener en cuenta, además, que en muchos casos la construcción es redundante, pues el sustantivo ya expresa por sí solo el significado de a + infinitivoEstas son las tareas a realizar, mejor estas son las tareas. Los objetivos a cumplir son los siguientes, mejor, los objetivos son los siguientes. Juan es un ejemplo a seguir  para todos, mejor Juan es un ejemplo para todos. 

No debe confundirse esta construcción con el infinitivo preposicional que forma parte de muchas locuciones adverbiales, introducidas en su mayoría por la preposición a: a contar (de o desde); a correr; a decir verdad; a saber; a juzgar por; a mandar; a más no poder; a más tardar; a más ver; a rabiar; a seguir bien. Todas ellas son, por supuesto, correctas, así como las construidas con otras preposiciones: de armas tomar; sin ir más lejos.

Terminaré señalando,  de todas las perífrasis verbales en las que participa el infinitivo, dos muy frecuentes que suelen provocar confusiones: deber + infinitivo y deber de + infinitivo.

1.      Deber + infinitivo expresa siempre obligación: Los viajeros deben llegar dos horas antes del vuelo (y nunca deben de llegar). Debes comértelo todo (y nunca debes de comértelo). Creo que no deberías trabajar tanto (y no creo que no deberías de trabajar tanto).

2.
      Deber de + infinitivo expresa posibilidad o suposición: Deben de ser las cuatro. Ya deben de haber llegado. Su hija debe de tener unos veinte años. Sin embargo, en este caso la lengua culta también acepta la construcción sin preposición: Deben ser las cuatro. Ya deben haber llegado. Su hija debe tener unos veinte años. 

Una  última perífrasis verbal menos frecuente  pero que también induce a error es hacerse de rogar. Muchos correctores suprimen la preposición de  que en este caso está aceptada. Tan correcto es decir o escribir hacerse de rogar como hacerse rogar, e incluso es más habitual la primera forma.

En Imperativo,infinitivo y un caldillo de espárragos se exploran con mayor extensión los cruces entre los usos de estas dos formas verbales.


La lengua destrabada

Si deseas saber más sobre este tema y otros relacionados, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para visitar la página web de la editorial, donde encontrarás la presentación del manual y este pdf que incluye las páginas preliminares y la introducción completa.