miércoles, 27 de febrero de 2013

Los usos del participio


 Neptuno, tomada por los ciudadanos
El participio es la tercera de las formas no personales del verbo. Se diferencia de las otras  dos, infinitivo y gerundio, en que posee género y número: cortado/cortados; cortada/cortadas. El único uso en el que el participio permanece invariable es en la formación de los tiempos compuestos con el auxiliar haber: hemos salido; he salido. La terminación –do caracteriza a los participios regulares, pero hay tres verbos que tienen además un participio irregular: freír: freído y frito; imprimir: imprimido e impreso; proveer: proveído y provisto.
En el español actual solo existe el participio pasivo, también llamado pasado o de perfecto. El participio de presente que abundaba en la antigüedad ha desaparecido y solo quedan algunos restos fosilizados de su anterior valor verbal: no obstante; Dios mediante (también existía, por ejemplo, no embargante, muy utilizado por el rey Felipe II en su correspondencia). Son vestigios además de ese participio de presente multitud de adjetivos como causante, proveniente, procedente, atacante, saliente, cantante, existente, todos ellos invariables en cuanto al género: la voz cantante; el batallón atacante; las naranjas procedentes de Murcia; el ministro saliente.
Algunos de esos adjetivos también pueden ser sustantivos que designan personas (cantante, atacante, estudiante) o instrumentos (tirante, colgante, montante). Casi todos los nombres de persona formados con el sufijo –nte son invariables en cuanto al género: la cantante y el cantante; la causante y el causante; un dibujante y una dibujante. Se exceptúan unos pocos: presidente y presidenta; cliente y clienta; sirviente y sirvienta; comediante y comedianta; infante e infanta; dependiente y dependienta. Constituyen un caso particular los pares de sustantivos gobernante y gobernanta; pariente y  parienta; asistente y asistenta; comerciante y comercianta; negociante y negocianta, donde se aprecia un claro sesgo de género en el significado, siempre con matiz peyorativo en femenino.
El participio comparte con el gerundio la posibilidad de formar oraciones o cláusulas absolutas, separadas del resto del periodo por comas: Concluida la cena, todos se marcharon. Una vez apagado el fuego, se buscó el origen. Cumplido el plazo, entregaré las llaves.
Una forma especial de construcción absoluta, propia únicamente de la lengua literaria, es la locución formada por  un participio + que + verbo en forma personal (haber, tener, estar, ser, ver): Llegado que hubimos al pueblo. Conocida que fue su negativa. Dormida que la vieron.  
Con participios que funcionan como predicados se pueden construir pies de fotos o ilustraciones, así como titulares de prensa. El sujeto puede ser expreso o tácito: Asesinado de cuatro puñaladas un abogado de Orense. Salvada de la muerte por su perro. Si entre el sujeto y el predicado queda tácito el verbo auxiliar, ha de escribirse coma: Madrid, elegida capital olímpica. Los políticos, abucheados por los ciudadanos.   
Hasta hace unos años, había una larga lista de verbos que tenían doble participio, uno regular y otro irregular, asunto que resultaba esencial a la hora de formar los tiempos compuestos y la voz pasiva. Ahora las Academias de la Lengua han reducido la lista a los tres verbos ya mencionados, freír, imprimir y proveer, y todos los restantes participios irregulares de los demás verbos han pasado a considerarse adjetivos, bien porque la forma regular ya no se emplea, como en el caso de rompido, o bien porque la forma irregular se utiliza siempre como adjetivo, como en el caso de confuso. Estos son algunos de los verbos que aparecían en la lista: abstraer, abstraído (abstracto es adjetivo); bendecir, bendecido (bendito es adjetivo); corromper, corrompido (corrupto es adjetivo); despertar, despertado (despierto es adjetivo).
Por tanto, para formar cualquier verbo compuesto o la voz pasiva, se ha de utilizar el único participio que ahora tienen esos verbos: han elegido un nuevo papa. No es correcto ha resultado electo un prestigioso arquitecto. El adjetivo electo significa «que ha sido elegido para una dignidad o cargo y aún no ha tomado posesión». Se puede decir, por consiguiente,  el alcalde electo tomará posesión el viernes y también no me gusta el alcalde elegido por los votos. Tomando el verbo propender, diríamos siempre he propendido (participio) a la melancolía  o soy propenso (adjetivo) a la melancolía. Con el verbo hartar construiríamos me he hartado (participio) de comer y estoy harto (adjetivo). Con el verbo maldecir podemos componer no creía que su padre lo hubiera maldecido (participio) y siempre pensó que estaba maldita (adjetivo). Con el verbo bendecir escribiremos los fieles fueron bendecidos por el papa y esta iglesia está bendita.
En los casos de los tres verbos con doble participio, tan correcto es decir (o escribir) he frito un huevo como he freído un huevo; el libro fue impreso como el libro fue imprimido; se han proveído de sal para las nevadas como se han provisto de sal para las nevadas. Pero desde luego unas formas son más habituales que otras. Sin embargo, en función adjetiva solo se emplea la forma irregular en el caso de freír: huevos fritos; y se prefiere la forma irregular, aunque se acepta la regular, en los casos de imprimir  y proveer: hojas impresas (o también hojas imprimidas); información provista (o también información proveída).
En el español antiguo también había participios conocidos como truncados o truncos que no terminaban en –ado/-ido y han dado lugar a algunos adjetivos  que permanecen vivos en el español europeo y americano: calmo (calmado), nublo (nublado), pago (pagado), pinto (pintado), quisto (querido), trunco (truncado). Todas ellas son formas aceptadas y hasta literarias.
Estos adjetivos comparten con el participio la cualidad de perfectivos (se construyen con el verbo estar y no ser), pero otros se han lexicalizado como adjetivos calificativos: uvas pasas (pasadas), judías pintas (pintadas), vino tinto (teñido), artista nato (nacido).
Los participios rechazan los diminutivos en los tiempos compuestos y en la pasiva, pero sí los aceptan en otros contextos con verbos que siempre presentan un componente adjetival: Iba pegadita a él; caminaban agarraditos del brazo; guardaba siempre las camisas bien dobladitas; llegó una cesta cargadita de regalos.
El gerundio y el participio colaboran para formar con el verbo estar una perífrasis durativa en voz pasiva que se suele considerar un calco del inglés y es relativamente reciente en español: La ley está siendo debatida en el Parlamento. Antonio se dio cuenta de que estaba siendo observado. Quedaba claro que estaba siendo acosado y atacado por un desconocido. Quienes rechazan esta construcción aducen que no es necesaria: La ley se está debatiendo en el Parlamento. Antonio se dio cuenta de que lo estaban observando. Quedaba claro que un desconocido lo estaba acosando y atacando. ¿Qué opción es mejor? El español utiliza mucho menos la voz pasiva que el inglés y, aunque se va contagiando de anglicismos, algunas construcciones siguen chirriando al oído: La propuesta está siendo estudiada por los sindicatos suena mucho peor que los sindicatos están estudiando la propuesta. Y resulta inaceptable: Esa posibilidad es una de las que están siendo contempladas en lugar de esa posibilidad es una de las que se están contemplando. O les rogaba que fuese siendo preparado su novio mientras terminaba ella, en lugar de les rogaba que fuesen preparando a su novio mientras terminaba ella. Los puristas aducen que la unión de estar y ser es una aberración.
Así pues, en el empleo de la perífrasis estar + siendo + participio ha de primar, como siempre, el sentido común (y literario). Parece que el español no necesitaba esta construcción, pero se va imponiendo. Esperemos que no se convierta en predominante a expensas de las más clásicas.
Terminaré este repaso sobre los aspectos más destacados del participio resaltado su cercanía con el adjetivo, del mismo modo que el gerundio se aproxima al adverbio y el infinitivo al sustantivo. La función adjetival del participio queda manifiesta además en la formación de sustantivos y adjetivos compuestos con los adverbios bien y mal: malquerido/a, bienquisto/a, malhablado/a, malcriado/a, malherido/a, malcomido/a y tantos otros tan útiles en la literatura. Asimismo, aparece el participio en función adjetival en adjetivos compuestos como maniatado/a, perniquebrado/a o alicortado/a.   
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11 comentarios:

  1. Como de costumbre muy interesante, aunque con el participio pienso que la mayoría de la gente tiene menos problemas que con otras cosas.

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    1. Sí, probablemente el participio dé menos problemas que el gerundio, pero he querido resaltar también sus usos y posibilidades. Lo que se conoce se utiliza mejor siempre, Isabel.

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  2. Gracias, Carmen. Como siempre, leo tus blogs con mucho interés. Tenía la duda sobre «frito» y «freído» y también «imprimido» e «impreso». Me alegra saber que todas son correctas. En cuanto a «rompido», ¿estás segura que ya no se usa? ¡Díselo a mis niños! Ja, ja, ja.

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  3. «Rompido» lo usan los niños porque aplican las reglas lógicas con las que aprenden el lenguaje hasta que les enseñamos las cultas que nos hemos ido imponiendo. Por eso tienen siempre tantos ¿y por qué...? que preguntarnos. ¡Disfruta de sus «rompidos» y sus porqués, pues el tiempo pasa volando!Un abrazo, tocaya.

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  4. Hola! Me gusto mucho tu blog :) tratas unos temas muy interesantes, y me agrada tu forma de escribir!

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  5. Gracias por artículo, claro e instructivo. Soy un lingüista amateur por estar estudiando desde nino varios idiomas populares: ing, esp, ital, chino, fra, ale, jap, arab, ruso. Espanol es mi lengua materna, pero reemplazada for el inglés americano; y en verdad, detecto anglicismos y calcos frecuentemente.

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    1. Me alegra que estos artículos te ayuden a cuidar tu lengua materna. Muchas gracias por leerme.

      Un cordial saludo, BNI.

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