jueves, 5 de diciembre de 2013

Los usos de las oraciones impersonales en español

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,                  
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

                    Francisco de Quevedo

Se denomina oración impersonal aquella que no lleva sujeto expreso ni lo posee sobrentendido. En efecto, el rasgo compartido por este tipo tan diverso de oraciones es la indeterminación de su sujeto, circunstancia que puede deberse a la misma naturaleza del verbo, a desconocimiento por parte de quien habla o a falta de intención por expresarlo. Todos los verbos, transitivos e intransitivos, se pueden usar de manera impersonal en la voz activa, siempre en tercera persona del plural, aunque se sepa que el sujeto es una sola persona: Dispararon una única bala. Le dieron un golpe en la pierna. Llamaron al timbre temprano. Me han comprado una moto. Dicen que subirá la luz. Lo tienen por tonto. Contratarán a los más preparados. 

Con el verbo decir se forma la expresión impersonal diz que, equivalente a dicen que, popular en el habla de diversas zonas de España y América. Entre los escritores modernos suele emplearse en estilo arcaizante, así como con intención humorística o de suposición: Diz que lo mataron por ladrón. En el Siglo de Oro ya se recogía su uso: «Dezimos diz que  por dicen, y no parece mal» (Juan de Valdés, Diálogo de la lengua). 

1. Con los verbos que expresan fenómenos de la naturaleza se construyen las que Rafael Seco denomina oraciones impersonales naturales, y otros gramáticos, oraciones de verbo unipersonal (o terciopersonal, por emplearse siempre la tercera persona del singular): Llueve a cántaros. Amaneció nublado. En invierno anochece temprano. Ha estado granizando casi una hora. Estos verbos admiten todos los tiempos y modos verbales, además de numerosas perífrasis: Suele llover. Comienza a relampaguear. Quiere nevar. Si no graniza, se salvará la cosecha. Dijeron que helaría esta noche.

Sin embargo, muchos de los verbos impersonales citados admiten también usos personales y pueden conjugarse en cualquier persona del singular o del plural: Amanecieron cansadas de tanto llorar. Llovían piedras de sus manos. Tronaba su voz en el despacho. Relampagueaban los faros del coche. Nevarán mariposas blanquecinas. Amaneció Dios y aún vivía. Las más de las veces, en su uso personal, estos verbos que expresan fenómenos de la naturaleza adquieren un sentido metafórico.

2. Los verbos haber, hacer, ser, estar e ir pueden adoptar el mismo carácter de unipersonales que los verbos de fenómenos naturales y asumen construcciones impersonales semejantes en tercera persona del singular: Hay malas noticias. Hace días que no viene. Es temprano todavía. Va para dos años que murió. Ayer estuvo nublado. Mañana hará cuarenta grados a la sombra.

Como unipersonal, la tercera persona de singular del presente de indicativo de haber es ha cuando denota trascurso del tiempo: Cinco  años ha. «No ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero» (Miguel de Cervantes). Aquí cosía no ha mucho una mujer morena. Su uso actual es primordialmente literario.

Algunos gramáticos consideran la forma he de la expresión presentativa he aquí, ahí o allí imperativo del verbo haber y la relacionan con la forma voi del francés que aparece en voici o voilà. Sin embargo, otros sostienen que se trata del presente de indicativo del verbo haber correspondiente a un paradigma defectivo (es decir, carente de una conjugación completa), mientras que algunos piensan que se trata  de un adverbio procedente del árabe hê. Esta construcción impersonal admite también los pronombres personales átonos me, te, lo, la: Heme aquí, comido y bien vestido. Hete allí que llegó al castillo. Helo ahí, tirado sobre el duro suelo. Hela aquí mi casa.    

Haber y hacer, entre sus diversas acepciones, indican vagamente existencia o presencia, semejante a la que corresponde a los verbos ser y estar: No hay nadie. Hace mucho calor. Esta significación indeterminada es la que provoca el error habitual de interpretarlos como verbos personales, por lo que se dice o escribe: Habían muchas habitaciones. Hicieron grandes calores. Hubieron fiestas. Sucede porque los complementos plurales se confunden con los sujetos. Sin embargo, según la RAE, no todos los usos concordados incorrectos del verbo haber se aceptan por igual: habían dificultades parece más extendido que hubieron dificultades. Asimismo, se observan claras diferencias en la valoración social de las oraciones que presentan concordancia de persona con el verbo haber, como habemos pocas personas aquí. En España están muy estigmatizadas, mientras que en América resultan normales en la lengua coloquial de algunos países, las más de las veces, expresando un tono humorístico: lo mismo que hay flacos, habemos gordos. En algunos países latinoamericanos como Perú la valoración social de esta pauta sintáctica no es tan negativa y está muy extendida.

Las perífrasis verbales con el verbo haber seguido de sustantivo plural se escriben siempre en tercera persona del singular porque siguen siendo construcciones impersonales: En esta carretera suele haber muchos accidentes. Puede haber muchas fiestas este año. Va a haber ochenta conciertos. Lo mismo es aplicable a las perífrasis verbales semejantes con el verbo hacer: Va a hacer cuarenta grados; puede hacer cuarenta grados; suele hacer grandes calores.   

La confusión entre sujeto y objeto directo propicia la construcción de oraciones impersonales con la perífrasis verbal haber que más infinitivo como las siguientes: A los padres había que avisarlos y contarles lo sucedido. Las literas había que abrirlas y hacerse la cama con las sábanas entregadas. ¿Son incorrectas? Algunos gramáticos consideran que sí, mientras que otros aceptan esta alteración del orden lógico que exige recurrir a un pronombre personal de apoyo siempre que esté bien justificado por las exigencias expresivas del texto y nunca por norma. En puridad, las oraciones deberían escribirse así: Había que avisar a los padres y contarles lo sucedido. Había que abrir las literas y hacer la cama con las sábanas entregadas.   

Los verbos haber y ser se alternan en las fórmulas impersonales que se usan al comienzo de los cuentos, siempre en pretérito imperfecto de indicativo: Era o érase una vez, érase que se era;  había una vez. Existen también las variantes esto era una vez y esto era, en la que esto se asimila a los pronombres expletivos (es decir, carentes de significado y que no hacen referencia a nada ni nadie) que aparecen en otras lenguas para los usos impersonales (il pleut; it’s raining). El gramático Andrés Bello denomina cuasirreflejas estas construcciones del principio «de cuentos y consejas», utilizadas también en el soneto satírico que escribió Francisco de Quevedo, «A un hombre de gran nariz», al parecer, parodiando la de su enemigo literario Luis de Góngora.

Al expresar la hora con el verbo ser, se recomiendan las variantes concordadas: Son las seis de la tarde; es la una de la noche. Sin embargo, para preguntar la hora son igualmente correctas las expresiones: ¿Qué hora es? ¿Qué horas son? La primera es más habitual en España, y la segunda, en América Latina.

La Nueva gramática de las Academias de la Lengua Española considera que las oraciones construidas con el verbo dar en el sentido de sonar no son impersonales puesto que el grupo nominal que expresa la hora suele concordar con el verbo: Dieron las dos; dio la una. No obstante, en varios países latinoamericanos se registra la variante no concordada: dan la una; dieron la una. Asimismo, esta forma no concordada se mantiene en el folclore popular de España: «Alegría que dieron la una, que dieron las dos» (Martín Recuerda, Arrecogías).

 3. La falta de interés por el sujeto agente o su desconocimiento puede conducir a la construcción de oraciones pasivas y pasivas reflejas: El avión ha sido secuestrado. Se cuentan atrocidades de su maldad.

Cuando el sujeto paciente de la pasiva refleja es una cosa, no puede existir confusión con la expresión reflexiva o recíproca. Si escribimos se vendieron las fincas, no cabe pensar que las fincas se vendieron a sí mismas. Ahora bien, si escribiéramos se insultaban los políticos, cabría la duda de si los políticos eran insultados por los ciudadanos o eran ellos mismos los que se insultaban entre sí. Esta es la razón por la que es necesaria la preposición a ante la persona para precisar que es objeto y no sujeto de la acción verbal: Se insultaba a los políticos. El gramático Rafael Seco aduce que por este motivo la persona deja de verse como sujeto y se pasa a ocupar su lugar, desapareciendo la concordancia del verbo con el sujeto paciente.

De este modo, la pasiva refleja con sentido impersonal se convierte en activa impersonal, que puede emplearse con cualquier verbo, transitivo o no: Se bailó hasta las tres; se habla alemán; se vive bien en Valencia; se habla de un nuevo gobierno. Sin embargo, la generalización de esta construcción con complementos de persona a los complementos de cosa, sin la preposición a en este caso, ha provocado la vacilación que ahora existe entre se venden botellas y se vende botellas; se alquilan bicicletas y se alquila bicicletas, tan discutida por los gramáticos. La construcción pasiva (se venden botellas) es la tradicional, la que recomiendan las gramáticas y la que domina en la lengua literaria, por más que la impersonal activa (se vende botellas) se vaya abriendo paso en el habla corriente. En singular no hay lugar a error porque ambas construcciones son idénticas.

Con los verbos que son siempre pronominales (es decir, que incluyen se) no se puede añadir el se impersonal ni el pasivo. En estos casos suele sustituirse por el pronombre indefinido personal uno o una: A todo se acostumbra una; con tanto ruido uno se despierta temprano.  

Termino con una pregunta: ¿Hacen unas cervezas? o ¿hace unas cervezas? Esta acepción del verbo hacer, recogida en el Diccionario del español actual por Manuel Seco et al. como «apetecer, convenir» en lenguaje coloquial, se construye en forma personal: «Usted perdone, ¿le hace este jersey? […] ¡Ya lo creo que me hace, señora!» (Camilo José Cela, Nuevas escenas matritenses, 1966). Por tanto, diríamos: ¿Te hace una cerveza? ¿Te hacen unas cervezas?, dependiendo de la sed que se tenga y del grado de amistad. Si no hay mucha confianza, tal vez mejor comenzar sin tuteo y con un ¿hace una cerveza?,  hasta que se rompa el hielo.    

La lengua destrabada

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