miércoles, 30 de octubre de 2019

Hacer las maletas y otras divagaciones (para procrastinar)

Hacer las maletas
Qué pereza preparar el equipaje. Qué difícil es elegir las prendas necesarias que se echarán de menos durante la estancia fuera de casa y hacer oídos sordos a los cantos de sirena de los múltiples «porsiacasos» que nos tientan y acabarán engordando nuestra maleta. ‘Equipaje’, palabra formada con el productivo sufijo ­-aje que proviene del latino -aticus y llegó al castellano a través del francés, comenzó a utilizarse para designar el equipo que cargaban los soldados, pero al poco pasó a significar también el conjunto de pertenencias necesarias para llevar en los viajes, según sostiene Joan Corominas (Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Madrid, 1987). ‘Bagaje’ y ‘equipaje’ son sinónimos en la acepción de enseres indispensables para desplazamientos, tanto militares como civiles, pero la primera palabra significa además conjunto de conocimientos o experiencias adquiridos por alguien. 
   
‘Maleta’, por su parte, es voz antigua en el vocabulario castellano. Covarrubias la define como «la manga, ô valija en que se llevan vestidos de camino, ô ropa, propiamente la que es de cuero, y va cerrada con su cadena, y candado. Es nombre Hebreo del verbo mala, que vale henchir por ir llena de ropa. O de otro verbo Hebreo malat, servari, porque lleva dentro guardada la ropa. Carolo Bovilio la haze diccion Francesa, mallê, intra quam itinerariae vestes folent claudi, ámantica pender» (Tesoro de la lengua castellana, o española, 1539-1613). Los diccionarios de la lengua castellana actuales coinciden en afirmar que se trata de un vocablo de origen francés, lengua en la que malle, desde el siglo xii, da nombre a un cofre de grandes dimensiones, destinado a contener los efectos que se llevan en un viaje; mallette, palabra datada desde el siglo xiii, es su diminutivo, de donde proviene nuestra maleta. De malle se originó la castellana ‘mala’, que ahora es una voz anticuada.

En lenguaje informal, la palabra femenina ‘maleta’, con artículo masculino o femenino, se aplica a cualquier persona que muestra torpeza en el desempeño de alguna actividad: Juan es un maleta conduciendo. Al parecer, ser un/una maleta con el sentido de inútil o poco hábil proviene de la tauromaquia. Al torero principiante y sin recursos que viajaba con sus escasas pertenencias de plaza en plaza en busca de oportunidades se lo conocía como ‘maleta’ o ‘maletilla’, y de ahí el uso se generalizó, sobre todo para actividades físicas o deportivas.

A veces nos vemos obligadas a hacer la maleta o las maletas no porque nos vayamos de viaje, sino porque nos apremian para que abandonemos un lugar o cargo por algún  motivo particular: El primer ministro debe ir pensando en hacer las maletas. En realidad, ni en este sentido figurado ni en la preparación práctica del equipaje ‘hacemos’ la maleta: no fabricamos el continente, sino que escogemos y organizamos el contenido, esto es, empleamos uno de los tropos de la lengua, un útil recurso conocido como sinécdoque, para darnos a entender. Por lo que respecta al verbo ‘hacer’, es conocida su facultad de asumir un extenso abanico de significados según el contexto en el que se utilice. Abundan las expresiones en las que este verbo se une a un sustantivo (más sus acompañantes) para expresar un significado fijo: hacer boca (ingerir algún alimento o bebida como ensayo para la comida; también se puede usar en sentido figurado); hacer carrera (triunfar); hacer castillos en el aire (imaginar imposibles); hacer gala (ostentar, alardear); hacer oídos sordos (no escuchar); hacer la vista gorda (fingir que no se percibe algo merecedor de corrección).

El Diccionario de la lengua española académico recoge una segunda acepción de ‘maleta’ como enfermedad, señalando que es palabra anticuada de origen incierto. Parecería, sin embargo, estar relacionada con ‘maletía’ y ‘malatía’, que antiguamente significaban enfermedad, en especial, durante la Edad Media, la enfermedad por antonomasia: la lepra. Las tres voces castellanas estarían relacionadas con la maladie francesa y la malattia italiana, todas ellas provenientes del latín (măle habĭtum, estar mal de salud). Los malatos medievales eran los enfermos de lepra, afección que se solía contagiar durante los viajes. En una de las versiones del «Romance de la hija del rey de Francia» (recogida en 1545), se narra el encuentro de una joven con un caballero al que pide que la lleve en la grupa de su caballo hasta París.  Esto es lo que sucede cuando el caballero la requiere de amores: «La niña, desque lo oyera,  díjole con osadía: / Tate, tate, caballero,  no hagáis tal villanía: / hija soy de un malato y de una malatía, / el hombre que a mí llegase  malato se tornaría».
 
Dejo aquí este hilo porque me urge hacer las maletas. ‘Procrastinar’ es palabra de origen latino, que significa posponer o postergar y que ha vuelto a nuestro vocabulario a través del inglés, donde el uso del verbo to procrastinate es mucho más habitual. Resulta curioso el olvido que ha sufrido hasta años recientes en nuestra lengua del «vuelva usted mañana». Mi equipaje no admite más aplazamientos. En escasos días estaré emprendiendo el vuelo para llegar a nuestras antípodas, donde pasaré parte de nuestros otoño e invierno que se corresponden con sus primavera y verano. Por cierto, la voz ‘antípodas’ puede usarse en femenino o en masculino, si bien en la actualidad es más habitual el femenino.

Aquí lo dejo. Repito: qué pereza hacer las maletas. Quién fuera caracol para viajar lento, sí, pero con la casa a cuestas.  


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