martes, 20 de marzo de 2018

Retos de corrección: Apuntes sobre edición sustancial


Palabras de ida y vuelta
El domingo pasado escuché en la radio a un conocido profesor de inglés, dueño de academias, opinando sobre los anglicismos en castellano. Es cierto que abundan, pero casi todos los ejemplos que él adujo fueron erróneos por diversos motivos. Me llamó la atención en particular que señalara como anglicismo absurdo, completamente separado de su significado en inglés, el vocablo office cuando se utiliza en castellano para designar un espacio anexo a la cocina que se suele emplear para comer. No hay más que consultar los diccionarios para comprobar la equivocación del profesor.

Comencemos por un diccionario de la lengua francesa (Le petit Robert, París, 1993). La voz office tiene abundantes acepciones, una de las cuales, desde el siglo xvi, es: «piéce ordinairement attenante à la cuisine où se prépare  le service de la table» (habitación ordinariamente contigua a la cocina donde se prepara el servicio de mesa). Si pasamos ahora a un diccionario de la lengua inglesa (Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary of the English Language, Nueva York, 1989), entre las múltiples acepciones de la voz, descubrimos como número 14: «offices, Chiefliy Brit. a. the parts of a house, as the kitchen, pantry, laundry, etc., devoted to a household work» (mayoritariamente británico. Partes de una casa, como cocina, despensa, lavandería, etc., dedicadas a las labores domésticas). El Diccionario de la lengua española de la RAE (consultado en su versión electrónica) incluye la voz en cursiva como francesa: «Pieza que está aneja a la cocina y en la que se prepara el servicio de mesa». La definición casi está calcada del diccionario francés.

Por su parte, el utilísimo Diccionario del español actual  de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos (Madrid, 1999) contiene dos términos, office y ofís. El primero aparece definido como «habitación pequeña que sirve de anejo a la cocina», señalando que es palabra francesa y que su pronunciación puede ser como llana o aguda; el segundo se presenta como la castellanización de la palabra francesa, bien manteniendo la pronunciación como aguda del término original o bien convertida en llana. Recoge el siguiente ejemplo: «Mendoza, Misterio 79: El mayordomo me indicó que esperara allí mientras él telefoneaba desde el ofís». La mayoritaria pronunciación actual como palabra llana puede deberse a la tendencia del castellano a actuar de este modo con las palabras terminadas en -s o al influjo de la pronunciación inglesa, en la actualidad predominante.

Ahora viene la guinda del pastel, la autorizada opinión de María Moliner, recogida en su imprescindible Diccionario de uso del español (Madrid, 1982): a su entender, office es «palabra francesa que se emplea por ‘antecocina’. Se oye pronunciada indistintamente a la francesa (‘ofís’) y a la inglesa (‘ofis’). Recientemente se ve traducida a veces como ‘oficio’, lo cual es acertado, puesto que la palabra es también española, ya que ‘oficio’ se llamaba a cualquier cuarto destinado en palacio a preparar el servicio de los reyes». En la voz oficio de ese mismo diccionario, Moliner indica como una de sus acepciones: «Recientemente, habitación de las casas contigua a la cocina donde hay armarios, fregaderos, mesas, etc., para guardar cosas del servicio de mesa y realizar operaciones complementarias de la cocina». Como sinónimos, aporta ‘antecocina’ y ‘recocina’.

En muchos lugares de América Latina, ese espacio contiguo a la cocina, cuando se emplea para comer, recibe el nombre de ‘desayunador’, del mismo modo que en Estados Unidos suele denominarse breakfast room. Sin embargo, ese office u oficio no siempre se encuentra al lado de la cocina ni tiene ese cometido: en casas grandes y antiguas, de esas con largos pasillos, puede haber antes del comedor una estancia con armarios, fregaderos, mesas, etc., utilizada para realizar las operaciones complementarias de la cocina, antes de servir la comida, a las que alude Moliner. En este caso, el término castellano sería ‘antecomedor’.

El vocablo office francés, su homónimo inglés y el castellano oficio provienen todos del latín officium, que a su vez es una contracción de opificium, compuesto con las raíces de  opus (obra) y facere (hacer). Las tres palabras partieron del latín, fueron adquiriendo diversos sentidos y perdiendo otros con el paso de los años, hasta que, convertidas en vernáculas y olvidado su origen común, pasaron de una lengua a otra, quizá por ese prurito esnobista de ennoblecer algo nombrándolo de otro modo más selecto.

Las palabras van y vienen. No las mueve el viento, sino nuestras lenguas. Las llevamos con nosotros de una lengua a otra y las usamos cuando las necesitamos. Pongamos un ejemplo más. ¿Qué español desconoce el significado de ‘patio’ en castellano? Hasta hay una canción infantil que dice: «El patio de mi casa no es particular, cuando llueve se moja como los demás». El Diccionario de la lengua española de la RAE lo define en su primera acepción como «espacio cerrado con paredes o galerías, que en las casas y otros edificios se suele dejar al descubierto».

¿Existe esa misma palabra en francés y en inglés? Si buscamos patio en Le petit Robert, leemos: «mot esp. (1495) d’o. i. Cour intérieure à ciel ouvert  d’une maison espagnole ou de style spagnol» (palabra española [1495] de origen incierto. Espacio interior a cielo abierto de una casa española o de estilo español). En el Webster’s Encyclopedic Unabridged Dictionary… se define patio en primera acepción como «a courtyard, esp. of a house, surrounded by low buildings or walls». ¿Cómo traducir en este caso courtyard cuando es sinónimo de ‘patio’? ¿Recurriremos a atrio o echaremos mano de los socorridos área o espacio?: atrio (área, espacio), especialmente de una casa, rodeado por edificios bajos o muros. Si se busca la palabra en el Wiktionary, aparece su procedencia española: «From Spanish patio […] 1. A paved outside area, adjoining a house, used for dining o recreation. 2. An inner courtyard typical of traditional Spanish houses» (del español patio.  1. Zona exterior pavimentada, contigua a una casa, que se utiliza para comer o esparcimiento. 2. Atrio interior típico de las casas españolas tradicionales).

Ignoro si la palabra ‘patio’ es de uso habitual en la lengua francesa. Sí sé por experiencia propia que, al menos en California (Estados Unidos), es de uso común en la lengua inglesa… pero tiene un significado distinto: equivale a lo que en castellano en España denominamos ‘terraza’, en el sentido de balcón amplio, no como ‘azotea’. Nuestro ‘patio de luces’ de un edificio se designa en el inglés californiano como court. El vocablo patio  ―hispanismo en las lenguas francesa e inglesa― no tiene un origen claro: se aluden diversas procedencias, de las cuales yo me inclino por la que lo asocia con el verbo latino pateo, que significa ‘estar abierto’. 
         
Iba a escribir «por hoy nada más», pero quiero terminar refiriéndome a la palabra ‘nada’, tan habitual en la lengua cotidiana… y que suena tan parecida al nothing inglés. ¿Se atreverá alguien a insinuar que es otro anglicismo?

El vocablo castellano ‘nada’ tiene una curiosa historia, alejada por completo del inglés. Proviene de la expresión latina res nata, que pasó de significar ‘cosa nacida’, es decir, ‘el asunto en cuestión’, a ‘ningún asunto en cuestión’, esto es, asumió un sentido negativo: ‘nada cosa’ en castellano primitivo, que acabó reducido a ‘nada’. Lo curioso es que en francés, catalán y occitano, de esa misma expresión se prescindió de nata y se tomó res, que  evolucionó a rien en francés, mientras que permaneció invariable en las dos últimas lenguas. Por su parte, el vocablo nothing (ninguna cosa) inglés significa lo mismo, pero no tiene procedencia latina.

Lo dicho: las palabras vuelan y se encuentran. Van y vuelven.


La lengua destrabada
Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.  

  







3 comentarios:

  1. Gran aportación. Aparte de su propuesta también es recomendable el decálogo de UniCo. Me gusta cómo resolvió los casos de "como:" que cada vez se ven más (por ejemplo, en Morata). Como solo he trabajado para un periódico, no me queda claro cuál sería el trabajo del editor en una obra de este tipo o cómo es el proceso: ¿autor-editor-corrector? ¿La corrección sustancial es edición? O a lo mejor, como se ve en los medios, los editores ya hacen de todo, menos leer... ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He trabajado para alguna revista de corte académico, pero nunca para periódicos. Por tanto, desconozco el proceso de edición y corrección que se lleva a cabo en ellos. Supongo que la inmediatez de lo que se publica impide una corrección a fondo. En las revistas para las que trabajé sí se seguía el protocolo clásico de edición-corrección.

      La corrección sustancial no sería edición cuando se externaliza: la encargaría la editora del sello editorial a una persona de su confianza. De todos modos, pienso que es una cuestión de vocabulario, Francisco. El asunto es desempeñar con profesionalidad la tarea de corrección que nos corresponda.

      Un saludo.

      Eliminar
  2. Your blog was absolutely fantastic!
    Great deal of great information & this can be useful some or maybe the other way.
    Keep updating your blog,anticipating to get more detailed contents.
    ดูหนัง

    ResponderEliminar