viernes, 4 de junio de 2021

«Corazón que ríe, corazón que llora»: comentarios de lectura

Corazón que ríe, corazón que llora
Me acerqué a este libro, escrito en francés por Maryse Condé y traducido al español por Martha Asunción Alonso para la editorial Impedimenta, con grandes expectativas debió a la recomendación de mis libreras de proximidad que atienden y aconsejan en Alejandría Libros.

Me interesaba mucho la biografía de Condé, nacida en 1937 en Pointe-à-Pitre, capital de Grande-Terre (Guadalupe), porque no sabía nada de las gentes de este territorio francés de ultramar que comprende un grupo de islas situadas en el mar Caribe oriental, la mayoría pertenecientes a las Islas de Barlovento y todas ellas incluidas en la cadena insular conocida como Antillas Menores. Gracias a Wikipedia, puede establecer el marco geográfico e histórico antes de sumergirme en la lectura para no perderme y, así, me enteré de que dos islas gemelas, Basse-Terre y Grande-Terre, separadas por un estrecho canal llamado Rivière-Salée, aportan la superficie más extensa. A ellas arribó por vez primera Cristóbal Colón el 4 de noviembre de 1493, cuando ya estaban habitadas por los caribes, quienes habían desplazado a los originarios arahuacos. Sin embargo, el dilatado Imperio español no mostró demasiado interés por conservar el archipiélago bajo su dominio, y hubo continuas luchas entre franceses e ingleses por su posesión y contra los fieros caribes, que se resistían a la conquista.

Hasta mediados del siglo XVII no lograron prosperar las colonias francesas, basadas en el comercio y la agricultura de plantación, para la cual introdujeron como mano de obra esclavos apresados en África. Estos esclavos negros también combatieron contra los ingleses, que no cejaban en su empeño de hacerse con el territorio y llegaron a conseguirlo varias veces. Con la Revolución francesa, Victor Hugues, oficial del gobierno revolucionario, proclamó la abolición de la esclavitud, desencadenando la matanza de numerosos plantadores blancos. Cuando en 1802 el gobierno de Napoleón restableció la esclavitud, hubo una virulenta revuelta de esclavos, que culminó  con la inmolación de todas sus fuerzas en Matouba. Los británicos tomaron el territorio de nuevo en 1810, pero lo devolvieron a Francia en 1816. La abolición irrevocable de la esclavitud se produjo en 1848. En 1940 Guadalupe se plegó al gobierno de Vichy, pero en 1943 decidió prestar fidelidad a las fuerza de liberación francesas del general De Gaulle. Desde 1946 se convirtió en territorio francés de ultramar, perteneciente, por tanto, a la Unión Europea.

Como consecuencia de la evolución histórica, la población actual de las dos islas gemelas y de las restantes del archipiélago (Marigalante, La Désirade, las Islas de los Santos, San Bartolomé, San Martín) es prioritariamente criolla ―esto es, son personas nacidas en las islas―, en su mayoría negra o mulata. La disminución de la gente blanca durante la Revolución francesa acentuó el carácter africano de la población. La lengua oficial es el francés, pero también se habla un dialecto criollo. 

Maryse Condé nació en 1937 en el seno de una familia acomodada de maestros cuando su madre, ya entrada en la cuarentena y después de haber tenido siete hijos, no esperaba más descendencia. Estas dos circunstancias, según narra la autora, iban a marcar su trayectoria vital.

Si alguien les hubiera preguntado a mis padres qué opinión les merecía la Segunda Guerra Mundial, habrían respondido, sin dudarlo, que se trataba del periodo más sombrío que jamás hubieran conocido. No porque Francia se dividiera en dos, por los campos de Drancy o de Auschwitz, por el exterminio de seis millones de judíos, ni por todos los crímenes contra la humanidad que aún siguen impunes, sino porque, durante siete interminables años, se les había privado de aquello que más les importaba:  sus viajes a Francia.

Así comienza una narración centrada en todo momento en la escritora y su visión de la vida desde la perspectiva de una niña mimada a la que le asombra y le incomoda el mundo cuando no gira a su alrededor, que trata más bien con severidad los comportamientos ajenos, pero aplica abundante indulgencia a los propios. A pesar de tener siete hermanos, no interactúa con ellos, ni siquiera aparecen sus nombres: solo habla alguna vez de una hermana casadera y, sobre todo, de Sandrino, el hermano mayor que muere joven y abandonado, y que un día, ante una pregunta suya, le hace una revelación enigmática: «Papá y mamá son un par de alienados». En efecto, sus padres están imbuidos de la cultura francesa y parecen dejar de lado la antillana incluso en la educación de sus hijos. Su madre es la principal antagonista: mujer negra orgullosa de sus logros porque a fuerza de tesón ha salido de la pobreza y es maestra, exige a Condé el mismo sacrificio y le repite con frecuencia que no vale para nada. Pero las dos a veces se encuentran y se quieren:

Trepé a su cama como cuando era niña, como cuando nada podía impedírmelo, ni las más estrictas prohibiciones. […] Bruscamente, nos pusimos a llorar […]. Por nuestro Sandrino, que se nos moría lejos. Por el final de mi infancia. Por el final de cierto modo de vida. De una relativa felicidad. Deslicé la mano entre sus pechos que habían amamantado a ocho hijos, ahora inútiles, marchitos, y pasé toda la noche, ella agarrada a mí, yo ovillada a su costado, sumida en su olor a vejez y a árnica, en su calor. Ese abrazo es el que quiero guardar como recuerdo.  

La biografía presenta el retrato de una sociedad criolla y patriarcal dividida en dos: población blanca y población negra. Son círculos que apenas se tocan pero que al parecer conviven permitiéndose mutuamente el progreso. La escritora incluso viaja a París siendo adolescente para cursar los años de preparatoria en un liceo de élite. Sus estudios podrían haberla conducido a la Sorbona de no ser por su carácter rebelde: es madre muy joven y al poco viaja a África en busca de sus raíces.

El subtítulo de la obra, Cuentos verdaderos de mi infancia, describe  su contenido para que nadie se lleve a engaño: se trata de estampas, elaboraciones de pequeñas anécdotas, impresiones e inquietudes de crecimiento, revelación del yo y relación con el entorno. Sin embargo, la mayoría carecen de interés. No hay un hilo narrativo que mantenga la lectura de principio a fin y a veces, incluso, es difícil de interpretar el sentido de algunos pasajes que se antojan anodinos. Asombra que haya alcanzado tantas ediciones. Además, la traducción al castellano que he leído no ayuda en absoluto a mejorar esta mala impresión: abundan los anacronismos, falsos amigos y errores de vocabulario, y los coloquialismos son tan excesivos que llegan a irritar. ¿Por qué traducir, por ejemplo, «je passai toute la nuit» como ‘me tiré toda la noche’ en lugar de ‘pasé toda la noche’? El estilo directo y sin florituras de la escritora guadalupeña no supone que haya que rebajarlo con tales licencias de español poco refinado. Sirva como ilustración de mis quejas la traducción de la descripción que aparece en el primer capítulo, titulado «Retrato de familia»:

Aujourd’hui, je me représente le spectacle peu courant que nous offrions, assis aux terrasses du Quartier latin dans le Paris morose de l’après-guerre. Mon père ancien séducteur au maintien avantageux, ma mère couverte de somptueux bijoux créoles, leurs huit enfants, mes soeurs yeux baissés, parées comme des châsses, mes frères adolescents, l’un d’eux déjà à sa première année de médecine, et moi, bambine outraugeusement gâtée, l’esprit précoce pour son âge.

Ahora me doy cuenta de que ofrecíamos una estampa cuando menos poco corriente, sentados en las terrazas del Barrio Latino en el moroso París de la posguerra. Mi padre, un seductor de capa caída pero todavía de buen ver; mi madre, cubierta de suntuosas joyas criollas; sus ocho hijos, mis hermanas con la cabeza gacha, decoradas como árboles de Navidad, mis hermanos adolescentes, uno de ellos estudiante de Medicina, y yo, niñita mimada donde las hubiera y extremadamente precoz para mi edad.   

No hay más que leer el texto en francés de la columna izquierda para comprobar los errores y las licencias innecesarias de la traducción en español: el París de posguerra no es moroso (?), sino sombrío; el padre no es un seductor de capa caída pero todavía de buen ver, sino un antiguo seductor de porte presuntuoso; las hermanas no mantienen la cabeza gacha (¿! ), sino la mirada baja y no van decoradas como árboles de Navidad, sino engalanadas como relicarios. Una traducción más apegada a la letra, el estilo y la época de Condé sería la siguiente: 

Hoy me doy cuenta del espectáculo poco habitual que ofrecíamos, sentados en las terrazas del Barrio Latino en el París sombrío de posguerra. Mi padre, antiguo seductor de porte presuntuoso; mi madre, cubierta de suntuosas alhajas criollas; sus ocho hijos, mis hermanas con la mirada baja y engalanadas como relicarios, mis hermanos adolescentes, uno de ellos ya en su primer año de Medicina, y yo, niñita mimadísima y de ingenio precoz para mi edad.
Más adelante, en ese mismo capítulo, aparece «les garçons de café voletaient autour de nous remplis d'admiration comme autant de mouches à miel» y queda traducido como «los camareros de los cafés revoloteaban admirados a nuestro alrededor como moscas frente a un tarro de miel», cuando lo acertado sería olvidarse de las moscas y escribir abejas, que es lo que dice Condé: los camareros revoloteaban como abejas a nuestro alrededor llenos de admiración. ¿Y qué opinar al leer que el padre iba de mozo a la discoteca La Cigale a menear el esqueleto? Este es el texto en francés: «Mon père préférait le musée du Louvre et le dancing la Cigale où il allait en garçon se dégourdir les jambres». Para empezar, hasta la década de 1960 no había discotecas, sino salas o salones de baile, los dancings, si se recurre al anglicismo que utiliza Condé. Una traducción más fiel al español sería: «Mi padre prefería el museo del Louvre y la sala de baile La Cigale, donde iba de joven a ejercitar (o estirar) las piernas». 

Cuando se traduce, es necesario atenerse a la época en que el texto está escrito en lo referente al vocabulario y los conceptos. Y, sobre todo, no debe olvidarse la máxima acuñada por el excelente maestro de traductores Valentín García Yebra: no añadir nada que no esté en el texto fuente, ni tampoco suprimir nada, y verter todo el contenido a la lengua término de la manera más próxima a como aparece en el texto fuente.  Quien no la cumpla se merece el dicho italiano: «traduttore, traditore!». ¿Cómo la editorial Impedimenta no se percató de tantos fallos a lo largo del proceso de edición? ¿Es que no cuenta con un equipo de corrección bien formado? Resulta sorprendente. 

La conclusión de lo hasta ahora expuesto es que si se desea leer este libro, es mejor acudir al texto original francés. Yo acabé comprando la biografía en ebook cuando me cansé de la traducción. Sin embargo, tampoco me atrajo demasiado. Sigo sin entender su éxito.  

Ficha bibliográfica         

Condé,  Maryse (2019): Corazón que ríe, corazón que llora. Cuentos verdaderos de mi infancia, trad. del francés de Martha Asunción Alonso, Madrid: Impedimenta.

Edición original: Le coeur à rire et à pleurer. Contes vrais de mon enfance, París:  Éditions Robert Laffont, 1999. 


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