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jueves, 14 de abril de 2016

Ortotipografía: cursivas, negritas y signos de puntuación

cursivas, negritas y signos de puntuación
En estos tiempos en que la mayoría escribimos valiéndonos de ordenadores o computadoras y, por tanto, tenemos acceso a las distintas familias de fuentes y formatos de las letras, a menudo surgen dudas sobre su uso que antes no se planteaban más que las personas que se dedicaban a oficios relacionados con la edición y la imprenta. La ortotipografía, como ya he señalado en otras entradas de este blog, es la disciplina eminentemente práctica que combina ortografía y tipografía para establecer pautas comunes en materias tales como los estilos de letras ―redonda, cursiva, negrita, versal, versalita―, el uso de mayúsculas o minúsculas, la disposición de las notas, las citas, el espaciado, la puntuación y demás semejantes.

La combinación de letras y signos de puntuación en cursiva y negrita es asunto que preocupa no solo a los correctores de estilo y pruebas, sino también a todo escritor meticuloso. Cuando un texto se escribe íntegramente en letra cursiva, no existe vacilación para componer todos los signos de puntuación que necesite en ese mismo estilo de letra. Lo mismo cabría afirmar respecto a los textos compuestos en negrita, si bien son bastante escasos por la excesiva mancha que crean en la página (sobre todo si es impresa) y se suelen  limitar a títulos o subtítulos. Sin embargo, cuando se trata de palabras aisladas en cursiva o negrita dentro de un texto compuesto en redonda, surgen las dudas.

Para analizar el estado de la cuestión, se debe establecer, en primer lugar, una distinción entre los signos de puntuación simples (coma, punto, punto y coma, dos puntos, puntos suspensivos) y los signos de puntuación dobles (comillas, interrogación, exclamación, paréntesis, corchetes) que se escriben junto a una o varias palabras seguidas compuestas en cursiva o negrita. En el caso de los simples, una buena parte de los ortotipógrafos consideran que deben mantener el mismo estilo de letra que la palabra a la que acompañan. Por consiguiente, se escribiría:

No te pierdas El olivo; es la última película de Isabel Coixet.
A Jaime le gusta decir tonterías como tragiversar, estruégano o la Soborna: no lo aguanto.

Este es el criterio que se mantiene en muchas casas editoriales españolas y americanas. No obstante, hay ortotipógrafos (y lingüistas) defensores de una postura diferente: sostienen que el signo de puntuación simple ha de conservar el estilo de letra predominante en la oración, prescindiendo del que tenga la palabra junto a la cual se escriba, puesto que dicho signo puntúa oraciones y no palabras. Por tanto, un signo de puntuación simple se compondrá de redonda siempre que la oración en la que aparezca la palabra en cursiva o negrita esté compuesta también de redonda. Este criterio parece hoy minoritario entre las casas editoriales.

Por lo que respecta a los signos de puntuación dobles de interrogación, exclamación y comillas escritos junto a palabras en cursiva dentro de un texto compuesto en letra redonda, el criterio mayoritario establece que se compondrán de cursiva cuando la palabra, locución o título afecte a ambos signos y de redonda en caso contrario. Así pues, escribiremos:

¿Que todavía no has ido a ver La chica danesa?
«¿Eso de sacco di merda será peor que  fuck you?», se preguntó Marito.
Busqué sin encontrar ¿Quién teme a Virginia Woolf? en la cartelera.
¡La dama de las camelias no es mejor que Guerra y paz!

Una regla tipográfica universal en este caso establece que se ha de mantener para el signo de cierre el mismo estilo de letra que se empleó para el de apertura.

Aunque al comienzo he unido la suerte de las palabras compuestas en cursivas y las compuestas en negritas, la realidad es que cuando se trata de estas últimas, es más difícil establecer un consenso. Muchos puristas se acogen también en esta cuestión al criterio considerado de buena tipografía que exige para el signo ortográfico adyacente a una palabra compuesta en una familia, tipo o cuerpo distintos a los usados en el resto del texto ese mismo cambio de letra. Por tanto, a una palabra escrita en negritas le debe seguir un signo en negritas. Sin embargo, muchos ortotipógrafos, aduciendo que las negritas manchan en exceso la página (sobre todo impresa, como ya he señalado), solo admiten el uso de signos de puntuación en negrita ―en especial si se trata de los dobles― cuando la oración completa vaya compuesta en ese estilo de letra.

En lo referente a los paréntesis, corchetes y rayas, la regla tipográfica de consenso establece que se debe mantener el mismo formato del signo de apertura en el de cierre; asimismo, establece que el signo de apertura se compondrá en idéntico formato que el texto donde aparece, a no ser que encierre una o varias palabras escritas en cursiva y ninguna de redonda: en este caso, adopta este mismo formato de letra. Así, escribiremos:

Ese libro (Princesas y payasos vestidos de raso) no me gustó.
No lo encontré en la biblioteca (ese libro, ya sabes: Princesas y payasos vestidos de raso).
El hueso estaba cerúleo [sic].

En el caso de uso (bastante improbable) de negritas, se aplicarían las mismas reglas, pero se mantienen las objeciones y restricciones ya explicadas con anterioridad.

Para las llamadas de notas, el criterio mayoritario es componerlas en cursiva cuando el texto está íntegramente escrito en cursiva, y de redonda, cuando solo se trate de una palabra en cursiva dentro de un texto en redondas. No obstante, hay sellos editoriales que componen las llamadas de nota adyacentes a una palabra escrita en cursiva también en cursiva. El número de la nota a pie de página o al final siempre se compondrá de redonda. En el caso improbable de llamadas junto a palabras en negritas, se aplicarían los mismos criterios, con las restricciones ya señaladas.

Para finalizar, recuérdese, como norma general, que una vez decidido el criterio que se va a emplear para la composición de un texto, ha de mantenerse de principio a fin. Los correctores de estilo y pruebas deben asegurarse de las pautas que se siguen en los sellos que contraten su trabajo.


La lengua destrabada
Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.  

  









viernes, 10 de mayo de 2013

El baile de los puntos y las comas

signos de puntuación
Scripta manent, verba volant

Las palabras se las lleva el viento, mientras que lo escrito permanece: es el sentido que hoy se suele atribuir a esta frase clásica latina. Sin embargo, Alberto Manguel, en su libro Una historia de la lectura, le da la vuelta  y afirma que en la Antigüedad significaba justo lo contrario: se acuñó como alabanza de la palabra pronunciada en voz alta, que tiene alas para volar, frente a la palabra que permanece silenciosa sobre la página, inmóvil, muerta.

Cuando las palabras vuelan, es más fácil entenderse. En conversación o en lectura en voz alta, siempre cabe preguntar al que habla qué es lo que  ha querido decir  y pedirle que se explique mejor. Pero cuando un lector se enfrenta a un texto escrito no tiene a quién dirigir su queja: es él quien ha de descifrar lo que guardan esas palabras muertas. Él se encargará de darles vida y alas con su lectura; de convertir esas mudas letras scripta  en verba, palabras habladas, alimento del espíritu.

La puntuación, esos pequeños signos que se intercalan en la escritura, son como guijarros que ha ido arrojando el escritor en lugares clave para facilitar que se siga el curso de su pensamiento. El baile de los puntos y las comas  nos habla mucho del temperamento de quien escribe y, por supuesto, de su cultura. Puede ser un baile agarrado, de pasitos cortos, con muchos signos de puntuación o un baile suelto sin apenas puntuación, solo la imprescindible. ¿Cuál es el mejor? Va en gustos, aunque la tendencia actual es minimalista, sobre todo con las comas.

Sin embargo, hay comas que no se pueden suprimir porque al hacerlo varía el sentido de lo que se quiere expresar: Los conductores borrachos no respetaban el límite de velocidad no es lo mismo que los conductores, borrachos, no respetaban el límite de velocidad. La colocación de la coma también hace que cambie el significado de la siguiente oración: 1) Pedro entra enseguida; 2) Pedro, entra enseguida. En la frase segunda la coma convierte a Pedro en vocativo, un caso del latín cuya función es llamar o dirigirse a alguien. Recuérdese que los vocativos siempre se separan con comas del resto de la oración. Asimismo, la colocación de una simple coma ante el adverbio como puede alterar el significado de lo que se escribe: No lo hice como me dijiste es completamente diferente a no lo hice, como me dijiste; y añadiendo un punto, cabe una tercera escritura y lectura: No. Lo hice como me dijiste. Una coma detrás del adverbio de negación no incluso podría llegar a convertirse en cuestión de vida o muerte, pues es muy diferente escribir: No, tenga piedad que no tenga piedad. La oración no acostumbra a  llegar tarde  expresará cosas diversas según los signos de puntuación que empleemos para escribirla:  1) No acostumbra a llegar tarde; 2) No, acostumbra a llegar tarde; y 3) No. Acostumbra a llegar tarde. Por su parte, delante de pero o aunque, la coma suele resultar superflua cuando la oración principal es corta y la subordinada contiene elementos sobreentendidos de la primera: Quise esperarte pero se me hizo tarde. Cecilia, no le contestes aunque te llame muchas veces. Por el contrario, si la oración principal es más larga y la subordinada no contiene sus mismos elementos, la coma facilitará la lectura: Pedro quería bajar cuanto antes al pueblo, pero la nieve caída durante la noche había vuelto intransitable el camino.

El punto y coma es la mejor pareja de baile de la coma, aunque muchas veces le cede el puesto al punto y seguido: Era necesario convencer a su padre para que aceptara; encontrar la financiación necesaria; resolver el asunto de los sobornos sin que nadie se enterara, y así todos saldrían ganando. Si apenas los utilizamos, perdemos un útil  recurso. Además, su empleo es obligado en las oraciones donde la coma sustituye a un verbo sobreentendido: La primera parte de la obra era interesante; la segunda, anodina; el final, francamente aburrido.

En el baile de la puntuación, el punto y coma puede ser sustituido de manera ocasional  por los dos puntos: Yo, por el contario, vivo muy cerca: esta es mi calle. O también: Yo, por el contrario, vivo muy cerca; esta es mi calle. Pero, por regla  general, cuando se trata de enumerar una serie de elementos incluidos en la primera oración; cuando la primera oración tiene su consecuencia en la segunda, o cuando se cita lo dicho por otra persona, han de emplearse siempre los dos puntos: No le condenarán por lo que ha escrito: la verdad no puede ser delito. Visiblemente molesto, declaró: «Yo he venido a hablar de mi libro».

El signo de puntuación más fácil de comprender y utilizar es el punto y seguido. Sin embargo, por motivos difíciles de precisar, es el que peor se utiliza, y en su caso los errores suelen ser de omisión. En la mayoría de los textos aparece una coma tras otra sin que quede claro dónde termina una idea y comienza la siguiente. Veamos un ejemplo:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza, Jorge rompió mi ordenador ayer, cuando se lo pedí, me contestó que no podía devolvérmelo, porque me había enfadado, me retiró la palabra, de improviso, no supe qué decir, desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así, por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
El texto tendrá un significado diferente si añadimos otros signos de puntuación:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza: Jorge rompió mi ordenador. Ayer, cuando se lo pedí, me contestó que no podía devolvérmelo. Porque me había enfadado, me retiró la palabra. De improviso, no supe qué decir; desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así: por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
Otra lectura posible:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza. Jorge rompió mi ordenador ayer cuando se lo pedí. Me contestó que no podía devolvérmelo porque me había enfadado; me retiró la palabra de improviso. No supe qué decir. Desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así. Por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
Y si seguimos con el baile de los puntos y las comas, sin cambiar ni una palabra, las lecturas proseguirán variando…
De los puntos suspensivos que acabo de utilizar, recomiendan las gramáticas y los libros de estilo que se empleen con medida, pues su abuso es propio de escritores poco preparados que pretenden trasladar al lector el trabajo de completar la frase o el pensamiento dejado a medias. Sin embargo, a veces son la mejor opción y la más expresiva. Balzac decía que eran puntos ofrecidos a la imaginación del lector a modo de tablas de salvación para franquear los abismos de la mente. Y en el baile de los puntos y las comas, pueden ser seguidos por todos los signos de puntuación menos el punto. Además, son solo tres, como los Reyes Magos.
Concluyo con una verdad de Perogrullo tan cierta como que en lo lleno no hay vacío: este baile de los puntos y las comas se aprende, igual que el resto de los bailes, practicando. Así pues, leamos y bailemos: dos diversiones que, como decía Voltaire,  nunca harán daño al mundo (ni a nosotros mismos).

La lengua destrabada
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martes, 13 de noviembre de 2012

El punto y sus variantes: pautas prácticas de uso

Tomados en su conjunto, estos signos de puntuación (punto y coma; dos puntos; puntos suspensivos; punto y seguido; punto y aparte; punto interrogante; punto admirativo) deberían utilizarse más que la coma, pero no es así. Probablemente por desconocimiento o por falta de reflexión, muchas personas (periodistas y escritores, entre ellas) escriben una coma tras otra en párrafos completos sin tener en cuenta dónde termina una idea y dónde empieza la siguiente, con lo que sus textos resultan siempre imperfectos y a menudo ininteligibles.

Las normas de puntuación son en gran medida universales, y existen reglas sencillas que nos ayudan a decidir qué signos de puntuación convienen para cada oración que deseemos escribir.  Veamos su uso.

Punto y coma (;)
Se dice que representa una pausa intermedia entre la coma y el punto y seguido, pero la distinción es tan mínima que muchas veces su elección depende del criterio de quien escribe. Sin embargo, nunca es intercambiable con los dos puntos (:). El punto y coma se emplea:
1.  Para sustituir a la coma en oraciones semejantes no enlazadas por conjunción:

Unos tendrán que viajar; otros descansarán mañana; algunos no querrán moverse; el caso es que todos deberán tomar una decisión.
(O también: Unos tendrán que viajar,  otros descansarán mañana y algunos no querrán moverse; el caso es que todos deberán tomar una decisión.)
 Ayer estuve en Sevilla; hacía un calor enorme.
(O también: Ayer estuve en Sevilla y hacía un calor enorme).

2. En una sucesión de nombres, adjetivos o complementos, sobre todo si ya existe alguna coma en cada elemento:

Carros  cargados con baúles, colchones y algunos muebles; mujeres con los niños de la mano; hombres arreando al rebaño, llevando a hombros a los borregos más débiles.

3. Para enlazar dos oraciones largas que comparten un mismo sujeto y carecen de otro nexo:

Las actrices de cine y televisión llevan una vida muy sacrificada, a pesar de las apariencias; se ven obligadas a renunciar a muchas cosas para mantener la fama.

4. Para separar oraciones que comparten el mismo verbo cuando este se suprime (elipsis):

Fran es empresario; Cecilia, abogada.
 Jorge está en la cárcel por robar coches; Elena, por atracar bancos; Luis, por firmar cheques sin fondos.

5. Entre dos oraciones complejas, cuando la segunda es consecuencia de la primera y va introducida por una locución adverbial (por tanto; por consiguiente; por eso; en fin…)

Estas tres casas tienen el mismo tamaño y comparten el jardín; por eso las vendemos al mismo precio.

6. Entre dos oraciones complejas, cuando la segunda va introducida por una locución adverbial o frase que sirva como conjunción adversativa (ahora bien; no obstante; sin embargo; el hecho es que; por el contrario…):

No quisiera, señor Berná, aburrirlo con tantos detalles técnicos; no obstante, debo ponerlo al corriente de lo que está sucediendo a sus espaldas.
 
Dos puntos (:)
Su uso es más limitado que el de otros signos de puntuación y nunca es equivalente a la coma ni al punto y coma. Después de los dos puntos se escribe con letra mayúscula en el caso del encabezamiento de las cartas, decretos, resoluciones, sentencias, etc., pero cuando a los dos puntos siguen palabras u oraciones separadas por coma, se escribe letra minúscula (véanse los distintos ejemplos citados más abajo). También se escribe con minúscula cuando la oración tras los puntos completa la anterior. En el caso de las citas textuales, empiezan con mayúscula o minúscula dependiendo de lo que se cita. En los títulos se recomienda, pero queda a criterio de quien escribe, el empleo de letra minúscula tras los dos puntos, mientras que en los epígrafes de libros se  empieza con letra mayúscula. Se emplean:

1. Tras el encabezamiento de una carta:

 Querido amigo:
 Estimado señor:
 A quien corresponda:

2.  Para anunciar o cerrar una enumeración:

Todo en ella es extraordinario: su vida, sus amigos, sus aficiones…
Antipático, irresponsable, despiadado: así es él.

3. Para anunciar una conclusión, sugerir  una consecuencia o dar una explicación:

 Eso es lo importante: que haya salvado la vida.
 No hay más remedio: debemos vender el coche.
 Aquí la vida es insoportable: más de 10.000 personas están abandonando la ciudad.

4. Para introducir una cita literal entrecomillada:
 Dijo Umbral: «Si usted se casa con mujer cantarina, ya tiene bastante».
Adviértase que en este caso tras los dos puntos se escribirá mayúscula o minúscula según lo exija la cita.

5. Detrás de locuciones como es más, sin rodeos, ahora bien, a saber, en otras palabras, dicho de otro modo, por ejemplo, verbi gratia…( en la mayoría de estos casos, se puede optar también  por la coma):
En muchos pueblos no se votó; en otras palabras: no se aceptó el programa. 
Es más: nadie saldrá vivo de aquí.

6. En textos jurídicos y administrativos después de verbos como certifica, dice, expone, suplica, etc.
Lo que sigue suele ir en párrafo aparte y son los únicos casos en los que se permite emplear los dos puntos seguidos de la conjunción que (solicita que; expone que; promete por su honor que…).

7. En títulos y epígrafes, para separar el concepto general del aspecto parcial que va a tratarse:

Literatura escrita por mujeres: dos escritoras románticas
Una novela picaresca de Quevedo: Vida del Buscón, llamado don Pablos


 Advertencia: Nunca es correcto escribir dos puntos entre una preposición y el sustantivo que introduce: La novela fue  escrita por [:] Mauricio Colmenero. En la reunión había representantes de [:] Bélgica, Suiza e Irlanda.

Puntos suspensivos (…)
Siempre son tres puntos  y, en general, se usan para dejar un discurso en suspenso, marcando una breve pausa. Se escriben pegados  a la palabra  que los precede y a continuación, según se necesite,  se pueden añadir coma, punto y coma, dos puntos, signos de admiración o de interrogación, pero nunca punto. Si los puntos suspensivos cierran un enunciado, la palabra que va a continuación se escribe con mayúscula inicial; en los demás casos se escribe con minúscula.  Su empleo es el siguiente:

1. Expresar estados de duda, temor, suspense…
No sé si llamar o no...  No sé qué hacer
Quería decirte… bueno, mejor otro día.

2. Para indicar la interrupción voluntaria de un enunciado por considerar que el lector lo conoce:
A buen entendedor…
Como dice el refrán, ojos que o ven…

3. Para insinuar sin escribir completas palabras malsonantes:
Pero qué c… es ese hombre.
Vete a la m…, ya no te aguanto más.

4. En sustitución de  etcétera (y nunca ambos) en las enumeraciones:
 A España vienen turistas franceses, italianos, alemanes…

5.  Cuando se desea dejar el enunciado incompleto y el sentido en suspenso:
 Ahora estoy hecha un asco, pero si me hubieras visto de joven…
Fue una enfermedad terrible; unos años llenos de amargura… No quiero seguir hablando de eso.

6. Entre corchetes […] indican la omisión de texto en la cita entrecomillada que se transcribe:

 «Porque las palabras que había oído hasta entonces […] no tenían ningún sentido».
Signos de admiración (¡!)  e  interrogación (¿?)
También llamados en tipografía puntos interrogantes y puntos admirativos, estos signos dobles marcan en la escritura el inicio y el final de una pregunta o exclamación, aunque el enunciado empiece antes:
Ana, ¿tú sabes si va a llover hoy? ¿Tú sabes si va a llover hoy, Ana?
Buenos días, Pedro, ¡qué gusto me da verte! ¡Qué gusto me da verte, Pedro, buenos días!
Cuando se acumulan varias oraciones interrogativas o exclamativas, no es necesario que empiecen con mayúscula, salvo la primera:
 ¿Vas a venir mañana?, ¿pasarás a recogerme?, ¿iremos al cine?
 ¡Cuántas mentiras!, ¡qué desilusión tan grande!, ¡cómo te odio!
 Adviértase que las oraciones van separadas con coma; de lo contrario tendrían que comenzar por letra mayúscula:
 ¿Vas a venir mañana? ¿Pasarás a recogerme? ¿Iremos al cine?
 ¡Cuántas mentiras! ¡Qué desilusión tan grande! ¡Cómo te odio!
 La Real Academia señala que hay oraciones interrogativas y admirativas a la vez, marcadas con signo de admiración al principio y de interrogación al final, o viceversa, y también con ambos signos al principio y al final:
 ¡Cómo te has atrevido?
 ¡¿Cómo te has atrevido?!
 No se escribe punto después de cerrar un signo de admiración o interrogación, pero si termina un enunciado, la palabra siguiente empezará por mayúscula:
No he conseguido entradas. ¡Qué le vamos a hacer! Iremos al cine otro día.
¿Qué quieres que haga? No sabía que pasaría eso.
A veces estos signos se intercalan entre paréntesis en el texto para expresar sorpresa, incredulidad o asombro. En estos casos, se emplean los signos de cierre  (!)  (?):
Ignacio se refería a su fidelidad (?) a la causa.
Dijo que había adelgazado 20 kilos (!) en una semana.

Punto y seguido; punto y aparte, y punto final
Estos signos de puntuación marcan, respectivamente, el final de un enunciado, de un párrafo y de un texto. La diferencia entre el punto y seguido y el punto y aparte no es siempre muy clara; suele intervenir la subjetividad de quien escribe. En términos generales, se marca con punto y aparte cuando se cambia de idea o asunto, mientras que se prefiere el punto y seguido cuando se desarrollan aspectos diferentes de una misma idea.
Las abreviaturas siempre llevan punto: Sr., Excmo., Ilmo. No se escribe punto detrás de los signos de interrogación y admiración, ni se añade a los puntos suspensivos.
Y punto final.


La lengua destrabada

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jueves, 8 de noviembre de 2012

Decálogo para el buen uso de la coma

uso de la coma
Todos sabemos que la coma, el signo de puntuación más utilizado, marca una pausa breve dentro del enunciado y, si somos buenos lectores, habremos advertido también  que en muchos casos su uso es arbitrario y depende del gusto o estilo de quien escribe. Sin embargo, existen unas normas básicas que hay que respetar y seguir para que nuestros textos, literarios o no, se lean y comprendan a la primera.
Nadie se olvida de montar en bicicleta o patinar una vez que ha aprendido. Lo mismo ocurre con las normas sobre el uso de la coma: una vez que se conocen y comprenden, su empleo acaba siendo automático. Es cuestión de práctica. Y lo que escribimos mejorará sensiblemente.
Este es un decálogo básico sobre el uso de la coma, con cinco reglas positivas (es decir, se escribe coma) y cinco negativas (es decir, no se escribe coma).
Empecemos por las positivas:
1.     Se escribe coma, antes y después (o solo antes o solo después, según la situación), para delimitar acotaciones (o explicaciones) dentro de la oración principal, sean adjetivos, construcciones de gerundio, oraciones subordinadas, locuciones adverbiales o frases hechas:
Eduardo, llorando a lágrima viva, salió de la habitación.
Dicho lo cual, me retiro.
Inés, la novia de mi primo, llegó de Cuenca.
El niño, asustado, se escondió tras la puerta.
Toda esa ropa, incluidos los abrigos, está sucia.
La tierra, pensaba Alejandro, era demasiado grande para conocerla entera.
Sea como fuere, nada ha cambiado.
2.     Se escribe coma para separar elementos de una misma serie morfosintácticamente equivalentes:
He comprando tomates, pimientos, cebollas y pepino.
En invierno me acuesto pronto, duermo mucho y casi no como.
Me dijiste que vendrías, que iríamos de compras, que me invitarías…
Llegó, vio, venció.
3.     Se escribe coma para sustituir un verbo omitido que ya se ha expresado en el contexto o se sobreentiende:
Pedro fue a clase; Juan, a nadar.
Los que no sepan nadar, a la piscina pequeña.
Cecilia es abogada; Jorge y Manolo, ingenieros industriales, y Enrique, arquitecto.
(Recuérdese este último ejemplo cuando se lea la regla 8: en este caso concreto, siempre es necesaria la coma antes de la conjunción y.) 
4.     Se escribe coma para acotar un nombre en vocativo, sea al principio, en medio o al final de una oración:
Hola, Laura, ¿cómo estás?
Carmen, tráeme un café.
Echa un ojo a esto, Carlos.
Jorge, escúchame; escúchame bien,  Jorge; repito por última vez, Jorge, que me escuches.
No, señor.
5.     Se escribe coma para marcar que se ha invertido el orden en una oración compuesta, adelantando la cláusula subordinada a la principal:
Si vienes a Madrid, llámame (pero sin coma: Llámame si vienes a Madrid).
Aunque no lo creas, es cierto (pero sin coma: Es cierto aunque no lo creas).
Cuando estés en Sevilla, acuérdate de comprar el abanico (pero sin coma: Acuérdate de comprar el abanico cuando estés en Sevilla).
Para no olvidarme, dejé una nota en la nevera (pero sin coma: Dejé una nota en la nevera para no olvidarme).
Las reglas negativas son:
6.     No se escribe coma entre el sujeto y el verbo de una oración, incluso cuando el sujeto esté compuesto por varios elementos:
Los vendedores de seguros siempre llaman dos veces (y nunca: Los vendedores de seguros [,] siempre llaman dos veces).
Conseguir que tú y  yo nos entendamos siempre ha sido lo más importante (y nunca: Conseguir que tú y yo nos entendamos[,] siempre ha sido lo más importante).
El que se pica ajos come (y nunca: El que se pica[,] ajos come).
7.     No se escribe coma entre el verbo y sus complementos si siguen un orden lógico:
Las niñas del colegio comían las asquerosas sardinas aguantando el asco (pero se escribe: Aguantando el asco, las niñas del colegio comían las asquerosas sardinas).
La gente murmuraba sobre esto y aquello en pequeños corrillos (pero se escribe: Sobre esto y aquello, en pequeños corrillos,  la gente murmuraba).
Pedro nadaba como un pez de aguas frías entre las gélidas olas (pero se escribe: Como un pez en el agua entre las gélidas olas, Pedro nadaba).
8.     No se escribe coma delante ni después de las conjunciones y, e, o, u, ni, que,  siempre que no haya ningún inciso entremedias y unan elementos morfosintácticamente equivalentes:
Comimos carne, fruta y postre (pero se escribe: Comimos carne, fruta y postre, y luego nos fuimos al cine).
No quiero llorar ni quedarme en casa (pero se escribe: No quiero llorar ni quedarme en casa, ni tampoco que la gente me tenga pena).
A las mujeres les prometen que serán iguales a los hombres (pero se escribe: A las mujeres les prometen, tontas de ellas, que serán iguales a los hombres).
No sé si viajaré a Francia, Italia o Rusia (pero  se escribe: No sé si viajaré a Francia, Italia o Rusia,  o me marcharé a casa de mi madre).
9.     No se coloca coma delante de paréntesis, corchete ni guión; la que corresponda se escribe detrás :
La historia, escrita en latín (la primera versión), se publicó hace tiempo.
El maíz, molido o en mazorca —y cocinado en tortillas—, era su dieta principal.
10. No se escribe coma detrás de la conjunción pero cuando introduce una pregunta o exclamación:
Pero ¿quién te lo dijo?
Pero ¡qué horror!
Como conclusión, recordemos que la coma debe ayudar a la lectura y no interrumpirla, y que este decálogo puede compendiarse en dos reglas fundamentales:
·        Nunca se escribe coma entre el sujeto y su verbo.
·        Los incisos y cambios de orden lógico que surjan en la oración se marcan con comas.
Quedan, por supuesto, infinidad de usos más, sujetos en su mayoría al criterio de quien escribe. Para ampliar esta información, unas de las mejores fuentes son el Diccionario panhispánico de dudas de la Asociación de Academias de la Lengua Española y el Diccionario de uso del español de María Moliner. También hay más información bibliográfica interesante en  Libros de consulta.


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lunes, 1 de octubre de 2012

Lectores y lectura


He soñado a veces que cuando amanezca el Día del Juicio, y los grandes conquistadores y abogados y juristas y gobernantes se acerquen para recibir su recompensa, el Todopoderoso, al vernos llegar con nuestros libros bajo el brazo, se volverá hacia Pedro y dirá, no sin cierta envidia: «Míralos; esos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer».
Virginia Woolf

Cuentan, aunque yo no lo recuerdo, que un día, mientras mi padre nos leía una historia, yo me acerqué al libro, lo miré detenidamente y pregunté de dónde sacaba todo lo que nos decía. «Está aquí, mira», respondió mi padre, señalando las letras. Yo debí de quedar muy impresionada, y cuentan que unos días más tarde, cuando mi padre se disponía a leernos de nuevo, le entregué una hoja de papel que yo había llenado de garabatos y le pedí contenta: «Léenos hoy esto. Lo he escrito yo».
Fue imposible, claro, porque yo aún no sabía leer ni escribir. En mi mente infantil, había entendido la unión de lo escrito con lo leído, pero no que había que emplear unos signos preestablecidos que formaban las palabras para transmitir a los otros mi pensamiento.
Sí recuerdo, en cambio, cómo me gustó aprender a leer, al principio en voz alta, pronunciando sílaba a sílaba las palabras que se iban convirtiendo en oraciones. Enseguida comprendí la importancia de la entonación y supe utilizar los signos de puntuación para entender lo que mis labios decían. Y luego pasé a leer en silencio, sin mover los labios, absorta en el texto, aislada del mundo.
Sin embargo, esta lectura silenciosa que todos acabamos dominando en nuestros primeros años de escolarización no era la habitual en el mundo antiguo. Entonces se leía siempre en voz alta, ya fuera para uso individual o colectivo, y existen muchos testimonios recogidos en la historia que lo corroboran. Uno de los más importantes se encuentra en las Confesiones de san Agustín (siglo IV d. C.), quien relata asombrado la curiosa manera que tenía de leer san Ambrosio como una peculiaridad: «sus ojos recorrían las páginas […] mas su voz y su lengua descansaban».
 ¿Y por qué los antiguos leían en voz alta? Quizá por el puro placer de escuchar cómo sonaba lo escrito, pues Aristóteles había enseñado que las letras se habían inventado para poder conversar incluso con los ausentes y eran signos de sonido. O puede que la lectura fuera una tarea compartida porque había pocos capaces de leer, más bien descifrar, los textos, pues —como probablemente en la página de garabatos que di a leer a mi padre—  no se separaban las palabras ni había signos de puntuación para ayudar a comprender el sentido.
Había que dedicar mucho esfuerzo a la lectura, y los copistas fueron desarrollando métodos para transcribir los textos y darles sentido, marcando los finales de oraciones con toda clase de signos y símbolos según su criterio. A comienzos del siglo V, san Jerónimo ideó para su traducción de la Biblia un nuevo sistema, denominado per cola et commata, que supuso un gran avance para lograr una lectura fiel, pues se marcaba cada unidad de sentido con una letra que sobresalía del margen, como si se iniciara un nuevo párrafo. Más adelante, los afamados escribas irlandeses fueron quienes introdujeron la mayoría de los signos de puntuación que conocemos en la actualidad, pero las normas continuaban siendo tan confusas que no cabía esperar que todos los lectores dieran el mismo sentido a un texto, ni entendieran de igual modo lo que había querido expresar el autor.
Pero la historia siguió su curso, llegó la invención de la imprenta, y la evolución de la puntuación en los textos corrió parejas con el desarrollo de la lectura silenciosa. A medida que pasaron los siglos y se fueron divulgando los libros impresos, hubo cada vez más personas capaces de leer y cada vez fue más fácil interpretar los textos, que ya contaban con una puntuación parecida a la actual desde que en el siglo XVI Aldo Manuzio popularizó y normalizó en sus ediciones en romance el uso de la coma, el punto y coma, los dos puntos  y el punto,  así como los signos de interrogación  y admiración.
Leyendo y leyendo, solos o acompañados, llegamos a nuestros días, en los que únicamente se lee en voz alta cuando se quiere compartir o enseñar: en colegios y universidades, en tertulias literarias, con amigos que tienen nuestros mismos gustos… Los padres y abuelos también leen en voz alta a sus hijos y nietos antes de que crezcan y se conviertan en lectores silenciosos.
Y muchos de esos lectores silenciosos se hacen con los nuevos lectores digitales para transportar fácilmente en una tableta —no de arcilla como las mesopotámicas, sino fabricadas con materiales de vanguardia y provistas de pantalla— multitud de libros que podrán leer en cualquier lugar y momento. Algunos de estos lectores electrónicos —que son continente y no contenido— también  pueden leer en voz alta al dueño que prefiera escuchar. Así pues, en los albores del siglo XXI, en un original bucle de la historia, cuando parecía superada la lectura individual en voz alta, el lector silencioso se vale si lo desea de su lector digital-continente para que una voz ajena le lea con cuidada entonación lo que él elije, no porque no sepa descifrarlo, sino tal vez con el propósito de escuchar el texto en la lengua en que su autor lo escribió. 

La lengua destrabada
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