Mostrando entradas con la etiqueta punto y coma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta punto y coma. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2013

El baile de los puntos y las comas

signos de puntuación
Scripta manent, verba volant

Las palabras se las lleva el viento, mientras que lo escrito permanece: es el sentido que hoy se suele atribuir a esta frase clásica latina. Sin embargo, Alberto Manguel, en su libro Una historia de la lectura, le da la vuelta  y afirma que en la Antigüedad significaba justo lo contrario: se acuñó como alabanza de la palabra pronunciada en voz alta, que tiene alas para volar, frente a la palabra que permanece silenciosa sobre la página, inmóvil, muerta.

Cuando las palabras vuelan, es más fácil entenderse. En conversación o en lectura en voz alta, siempre cabe preguntar al que habla qué es lo que  ha querido decir  y pedirle que se explique mejor. Pero cuando un lector se enfrenta a un texto escrito no tiene a quién dirigir su queja: es él quien ha de descifrar lo que guardan esas palabras muertas. Él se encargará de darles vida y alas con su lectura; de convertir esas mudas letras scripta  en verba, palabras habladas, alimento del espíritu.

La puntuación, esos pequeños signos que se intercalan en la escritura, son como guijarros que ha ido arrojando el escritor en lugares clave para facilitar que se siga el curso de su pensamiento. El baile de los puntos y las comas  nos habla mucho del temperamento de quien escribe y, por supuesto, de su cultura. Puede ser un baile agarrado, de pasitos cortos, con muchos signos de puntuación o un baile suelto sin apenas puntuación, solo la imprescindible. ¿Cuál es el mejor? Va en gustos, aunque la tendencia actual es minimalista, sobre todo con las comas.

Sin embargo, hay comas que no se pueden suprimir porque al hacerlo varía el sentido de lo que se quiere expresar: Los conductores borrachos no respetaban el límite de velocidad no es lo mismo que los conductores, borrachos, no respetaban el límite de velocidad. La colocación de la coma también hace que cambie el significado de la siguiente oración: 1) Pedro entra enseguida; 2) Pedro, entra enseguida. En la frase segunda la coma convierte a Pedro en vocativo, un caso del latín cuya función es llamar o dirigirse a alguien. Recuérdese que los vocativos siempre se separan con comas del resto de la oración. Asimismo, la colocación de una simple coma ante el adverbio como puede alterar el significado de lo que se escribe: No lo hice como me dijiste es completamente diferente a no lo hice, como me dijiste; y añadiendo un punto, cabe una tercera escritura y lectura: No. Lo hice como me dijiste. Una coma detrás del adverbio de negación no incluso podría llegar a convertirse en cuestión de vida o muerte, pues es muy diferente escribir: No, tenga piedad que no tenga piedad. La oración no acostumbra a  llegar tarde  expresará cosas diversas según los signos de puntuación que empleemos para escribirla:  1) No acostumbra a llegar tarde; 2) No, acostumbra a llegar tarde; y 3) No. Acostumbra a llegar tarde. Por su parte, delante de pero o aunque, la coma suele resultar superflua cuando la oración principal es corta y la subordinada contiene elementos sobreentendidos de la primera: Quise esperarte pero se me hizo tarde. Cecilia, no le contestes aunque te llame muchas veces. Por el contrario, si la oración principal es más larga y la subordinada no contiene sus mismos elementos, la coma facilitará la lectura: Pedro quería bajar cuanto antes al pueblo, pero la nieve caída durante la noche había vuelto intransitable el camino.

El punto y coma es la mejor pareja de baile de la coma, aunque muchas veces le cede el puesto al punto y seguido: Era necesario convencer a su padre para que aceptara; encontrar la financiación necesaria; resolver el asunto de los sobornos sin que nadie se enterara, y así todos saldrían ganando. Si apenas los utilizamos, perdemos un útil  recurso. Además, su empleo es obligado en las oraciones donde la coma sustituye a un verbo sobreentendido: La primera parte de la obra era interesante; la segunda, anodina; el final, francamente aburrido.

En el baile de la puntuación, el punto y coma puede ser sustituido de manera ocasional  por los dos puntos: Yo, por el contario, vivo muy cerca: esta es mi calle. O también: Yo, por el contrario, vivo muy cerca; esta es mi calle. Pero, por regla  general, cuando se trata de enumerar una serie de elementos incluidos en la primera oración; cuando la primera oración tiene su consecuencia en la segunda, o cuando se cita lo dicho por otra persona, han de emplearse siempre los dos puntos: No le condenarán por lo que ha escrito: la verdad no puede ser delito. Visiblemente molesto, declaró: «Yo he venido a hablar de mi libro».

El signo de puntuación más fácil de comprender y utilizar es el punto y seguido. Sin embargo, por motivos difíciles de precisar, es el que peor se utiliza, y en su caso los errores suelen ser de omisión. En la mayoría de los textos aparece una coma tras otra sin que quede claro dónde termina una idea y comienza la siguiente. Veamos un ejemplo:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza, Jorge rompió mi ordenador ayer, cuando se lo pedí, me contestó que no podía devolvérmelo, porque me había enfadado, me retiró la palabra, de improviso, no supe qué decir, desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así, por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
El texto tendrá un significado diferente si añadimos otros signos de puntuación:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza: Jorge rompió mi ordenador. Ayer, cuando se lo pedí, me contestó que no podía devolvérmelo. Porque me había enfadado, me retiró la palabra. De improviso, no supe qué decir; desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así: por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
Otra lectura posible:
Te voy a contar el motivo de mi tristeza. Jorge rompió mi ordenador ayer cuando se lo pedí. Me contestó que no podía devolvérmelo porque me había enfadado; me retiró la palabra de improviso. No supe qué decir. Desde que nos conocimos, muchos años atrás, nunca habíamos discutido así. Por un ordenador no iba a terminar nuestra amistad.
Y si seguimos con el baile de los puntos y las comas, sin cambiar ni una palabra, las lecturas proseguirán variando…
De los puntos suspensivos que acabo de utilizar, recomiendan las gramáticas y los libros de estilo que se empleen con medida, pues su abuso es propio de escritores poco preparados que pretenden trasladar al lector el trabajo de completar la frase o el pensamiento dejado a medias. Sin embargo, a veces son la mejor opción y la más expresiva. Balzac decía que eran puntos ofrecidos a la imaginación del lector a modo de tablas de salvación para franquear los abismos de la mente. Y en el baile de los puntos y las comas, pueden ser seguidos por todos los signos de puntuación menos el punto. Además, son solo tres, como los Reyes Magos.
Concluyo con una verdad de Perogrullo tan cierta como que en lo lleno no hay vacío: este baile de los puntos y las comas se aprende, igual que el resto de los bailes, practicando. Así pues, leamos y bailemos: dos diversiones que, como decía Voltaire,  nunca harán daño al mundo (ni a nosotros mismos).

La lengua destrabada
Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.  

  





martes, 13 de noviembre de 2012

El punto y sus variantes: pautas prácticas de uso

Tomados en su conjunto, estos signos de puntuación (punto y coma; dos puntos; puntos suspensivos; punto y seguido; punto y aparte; punto interrogante; punto admirativo) deberían utilizarse más que la coma, pero no es así. Probablemente por desconocimiento o por falta de reflexión, muchas personas (periodistas y escritores, entre ellas) escriben una coma tras otra en párrafos completos sin tener en cuenta dónde termina una idea y dónde empieza la siguiente, con lo que sus textos resultan siempre imperfectos y a menudo ininteligibles.

Las normas de puntuación son en gran medida universales, y existen reglas sencillas que nos ayudan a decidir qué signos de puntuación convienen para cada oración que deseemos escribir.  Veamos su uso.

Punto y coma (;)
Se dice que representa una pausa intermedia entre la coma y el punto y seguido, pero la distinción es tan mínima que muchas veces su elección depende del criterio de quien escribe. Sin embargo, nunca es intercambiable con los dos puntos (:). El punto y coma se emplea:
1.  Para sustituir a la coma en oraciones semejantes no enlazadas por conjunción:

Unos tendrán que viajar; otros descansarán mañana; algunos no querrán moverse; el caso es que todos deberán tomar una decisión.
(O también: Unos tendrán que viajar,  otros descansarán mañana y algunos no querrán moverse; el caso es que todos deberán tomar una decisión.)
 Ayer estuve en Sevilla; hacía un calor enorme.
(O también: Ayer estuve en Sevilla y hacía un calor enorme).

2. En una sucesión de nombres, adjetivos o complementos, sobre todo si ya existe alguna coma en cada elemento:

Carros  cargados con baúles, colchones y algunos muebles; mujeres con los niños de la mano; hombres arreando al rebaño, llevando a hombros a los borregos más débiles.

3. Para enlazar dos oraciones largas que comparten un mismo sujeto y carecen de otro nexo:

Las actrices de cine y televisión llevan una vida muy sacrificada, a pesar de las apariencias; se ven obligadas a renunciar a muchas cosas para mantener la fama.

4. Para separar oraciones que comparten el mismo verbo cuando este se suprime (elipsis):

Fran es empresario; Cecilia, abogada.
 Jorge está en la cárcel por robar coches; Elena, por atracar bancos; Luis, por firmar cheques sin fondos.

5. Entre dos oraciones complejas, cuando la segunda es consecuencia de la primera y va introducida por una locución adverbial (por tanto; por consiguiente; por eso; en fin…)

Estas tres casas tienen el mismo tamaño y comparten el jardín; por eso las vendemos al mismo precio.

6. Entre dos oraciones complejas, cuando la segunda va introducida por una locución adverbial o frase que sirva como conjunción adversativa (ahora bien; no obstante; sin embargo; el hecho es que; por el contrario…):

No quisiera, señor Berná, aburrirlo con tantos detalles técnicos; no obstante, debo ponerlo al corriente de lo que está sucediendo a sus espaldas.
 
Dos puntos (:)
Su uso es más limitado que el de otros signos de puntuación y nunca es equivalente a la coma ni al punto y coma. Después de los dos puntos se escribe con letra mayúscula en el caso del encabezamiento de las cartas, decretos, resoluciones, sentencias, etc., pero cuando a los dos puntos siguen palabras u oraciones separadas por coma, se escribe letra minúscula (véanse los distintos ejemplos citados más abajo). También se escribe con minúscula cuando la oración tras los puntos completa la anterior. En el caso de las citas textuales, empiezan con mayúscula o minúscula dependiendo de lo que se cita. En los títulos se recomienda, pero queda a criterio de quien escribe, el empleo de letra minúscula tras los dos puntos, mientras que en los epígrafes de libros se  empieza con letra mayúscula. Se emplean:

1. Tras el encabezamiento de una carta:

 Querido amigo:
 Estimado señor:
 A quien corresponda:

2.  Para anunciar o cerrar una enumeración:

Todo en ella es extraordinario: su vida, sus amigos, sus aficiones…
Antipático, irresponsable, despiadado: así es él.

3. Para anunciar una conclusión, sugerir  una consecuencia o dar una explicación:

 Eso es lo importante: que haya salvado la vida.
 No hay más remedio: debemos vender el coche.
 Aquí la vida es insoportable: más de 10.000 personas están abandonando la ciudad.

4. Para introducir una cita literal entrecomillada:
 Dijo Umbral: «Si usted se casa con mujer cantarina, ya tiene bastante».
Adviértase que en este caso tras los dos puntos se escribirá mayúscula o minúscula según lo exija la cita.

5. Detrás de locuciones como es más, sin rodeos, ahora bien, a saber, en otras palabras, dicho de otro modo, por ejemplo, verbi gratia…( en la mayoría de estos casos, se puede optar también  por la coma):
En muchos pueblos no se votó; en otras palabras: no se aceptó el programa. 
Es más: nadie saldrá vivo de aquí.

6. En textos jurídicos y administrativos después de verbos como certifica, dice, expone, suplica, etc.
Lo que sigue suele ir en párrafo aparte y son los únicos casos en los que se permite emplear los dos puntos seguidos de la conjunción que (solicita que; expone que; promete por su honor que…).

7. En títulos y epígrafes, para separar el concepto general del aspecto parcial que va a tratarse:

Literatura escrita por mujeres: dos escritoras románticas
Una novela picaresca de Quevedo: Vida del Buscón, llamado don Pablos


 Advertencia: Nunca es correcto escribir dos puntos entre una preposición y el sustantivo que introduce: La novela fue  escrita por [:] Mauricio Colmenero. En la reunión había representantes de [:] Bélgica, Suiza e Irlanda.

Puntos suspensivos (…)
Siempre son tres puntos  y, en general, se usan para dejar un discurso en suspenso, marcando una breve pausa. Se escriben pegados  a la palabra  que los precede y a continuación, según se necesite,  se pueden añadir coma, punto y coma, dos puntos, signos de admiración o de interrogación, pero nunca punto. Si los puntos suspensivos cierran un enunciado, la palabra que va a continuación se escribe con mayúscula inicial; en los demás casos se escribe con minúscula.  Su empleo es el siguiente:

1. Expresar estados de duda, temor, suspense…
No sé si llamar o no...  No sé qué hacer
Quería decirte… bueno, mejor otro día.

2. Para indicar la interrupción voluntaria de un enunciado por considerar que el lector lo conoce:
A buen entendedor…
Como dice el refrán, ojos que o ven…

3. Para insinuar sin escribir completas palabras malsonantes:
Pero qué c… es ese hombre.
Vete a la m…, ya no te aguanto más.

4. En sustitución de  etcétera (y nunca ambos) en las enumeraciones:
 A España vienen turistas franceses, italianos, alemanes…

5.  Cuando se desea dejar el enunciado incompleto y el sentido en suspenso:
 Ahora estoy hecha un asco, pero si me hubieras visto de joven…
Fue una enfermedad terrible; unos años llenos de amargura… No quiero seguir hablando de eso.

6. Entre corchetes […] indican la omisión de texto en la cita entrecomillada que se transcribe:

 «Porque las palabras que había oído hasta entonces […] no tenían ningún sentido».
Signos de admiración (¡!)  e  interrogación (¿?)
También llamados en tipografía puntos interrogantes y puntos admirativos, estos signos dobles marcan en la escritura el inicio y el final de una pregunta o exclamación, aunque el enunciado empiece antes:
Ana, ¿tú sabes si va a llover hoy? ¿Tú sabes si va a llover hoy, Ana?
Buenos días, Pedro, ¡qué gusto me da verte! ¡Qué gusto me da verte, Pedro, buenos días!
Cuando se acumulan varias oraciones interrogativas o exclamativas, no es necesario que empiecen con mayúscula, salvo la primera:
 ¿Vas a venir mañana?, ¿pasarás a recogerme?, ¿iremos al cine?
 ¡Cuántas mentiras!, ¡qué desilusión tan grande!, ¡cómo te odio!
 Adviértase que las oraciones van separadas con coma; de lo contrario tendrían que comenzar por letra mayúscula:
 ¿Vas a venir mañana? ¿Pasarás a recogerme? ¿Iremos al cine?
 ¡Cuántas mentiras! ¡Qué desilusión tan grande! ¡Cómo te odio!
 La Real Academia señala que hay oraciones interrogativas y admirativas a la vez, marcadas con signo de admiración al principio y de interrogación al final, o viceversa, y también con ambos signos al principio y al final:
 ¡Cómo te has atrevido?
 ¡¿Cómo te has atrevido?!
 No se escribe punto después de cerrar un signo de admiración o interrogación, pero si termina un enunciado, la palabra siguiente empezará por mayúscula:
No he conseguido entradas. ¡Qué le vamos a hacer! Iremos al cine otro día.
¿Qué quieres que haga? No sabía que pasaría eso.
A veces estos signos se intercalan entre paréntesis en el texto para expresar sorpresa, incredulidad o asombro. En estos casos, se emplean los signos de cierre  (!)  (?):
Ignacio se refería a su fidelidad (?) a la causa.
Dijo que había adelgazado 20 kilos (!) en una semana.

Punto y seguido; punto y aparte, y punto final
Estos signos de puntuación marcan, respectivamente, el final de un enunciado, de un párrafo y de un texto. La diferencia entre el punto y seguido y el punto y aparte no es siempre muy clara; suele intervenir la subjetividad de quien escribe. En términos generales, se marca con punto y aparte cuando se cambia de idea o asunto, mientras que se prefiere el punto y seguido cuando se desarrollan aspectos diferentes de una misma idea.
Las abreviaturas siempre llevan punto: Sr., Excmo., Ilmo. No se escribe punto detrás de los signos de interrogación y admiración, ni se añade a los puntos suspensivos.
Y punto final.


La lengua destrabada

Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.