jueves, 28 de noviembre de 2019

Vivir en Parramatta, NSW (Australia)

CBD Parramatta desde el río
Meses atrás, una revelación no por asumida menos perturbadora provocó la aceleración de un proyecto acariciado desde hacía largo tiempo. Gracias al tesón de mi pareja, conseguimos la invitación de una universidad y una visa de trabajo. Preparamos las maletas y tras el interminable viaje de más de un día, aquí estamos al fin, viviendo en Australia, nuestra última frontera.

Parramatta es una próspera ciudad multicultural que crece a 24 kilómetros al oeste del central business district (CBD) de Sídney. El río Parramatta, del que recibe su nombre, cruza la ciudad, y a sus orillas florecen abundantes parques y corren agradables senderos para practicar ciclismo y completar largas caminatas. Hasta tiene un muelle del que zarpan, en mareas altas, ferris que hacen el trayecto de ida y vuelta al Circular Quay de Sídney. Church Street, la principal calle comercial, conserva edificios bajos y está repleta de lugares para comer y beber. La llegada de numerosos organismos gubernamentales de Nueva Gales del Sur desde el año 2000 ha consolidado la función de la ciudad como centro administrativo y ha cambiado su fisonomía con la construcción de numerosos rascacielos de cristal y metal. Pero fuera del centro las calles son tranquilas y arboladas. Abundan las casitas de estilo semejante al californiano y los edificios de pocos pisos rodeados de jardines.
   
Señal de paso de cebra
Está resultando fácil vivir en esta ciudad de curioso clima. Es primavera, y en un mismo día tenemos más bien frío al levantarnos con el sol antes de las seis de la mañana; después solemos pasar calor en torno al mediodía y las temperaturas vuelven a caer cuando el sol inicia su descenso a eso de las seis de la tarde. Pero también ha habido días de calima intensa y humos con olor a madera quemada debido a los enormes incendios que asolan el país. Nos asustaron los primeros avisos de la policía con megáfonos en la calle y las sirenas sonando como chicharras incansables. Aquí están acostumbrados. Parece que los incendios son constantes todos los años, y más ahora con el cambio climático. La sequía pertinaz provoca que los hermosos bosques ardan como yesca. La gente que vive cerca es advertida para que abandone su casa cuando las llamas se acercan. Por suerte, ha habido algunas tormentas y parece que se ha calmado la cosa, al menos en los alrededores de Sídney.
Flying foxes colgando del árbol

Cuando llega el atardecer, los flying foxes, enormes murciélagos con cara de oso que cuelgan como frutos de los árboles a las orillas del río Parramatta, comienzan a desperezarse, a gritar y a revolotear en busca de comida y agua. Los hemos visto lanzarse al río y volver a ascender, planeando sobre nuestras cabezas. Es un espectáculo impresionante, y reconozco temer que se me pose alguno encima y me tire del pelo con sus garras… Pero son animales frugívoros que, según dicen, no tienen interés en nosotros. Tampoco interesamos a las serpientes y lagartos que vemos inmóviles durante nuestros paseos, ni a la multitud de pájaros que nos alegran con sus trinos o graznidos estridentes. Hubo una masked lapwing (avefría militar) que sí nos atacó nada más llegar mientras paseábamos por el campus de la universidad porque, según nos explicaron después, nos consideró depredadores dispuestos a acabar con la puesta de su nido, excavado en el césped.

Flying fox en vuelo
Lo extraordinario de mudarse a vivir a otro continente es que te obliga a romper la rutina, a permanecer alerta para efectuar cualquier tarea, comprendidas las más cotidianas. No se puede dar nada por supuesto: incluso situarse para subir o bajar escaleras mecánicas o mirar para cruzar una calle es diferente: el izquierdo es el lado de circulación dominante en todos los casos. Y los pasos de cebra están marcados con una señal de dos piernas enfundadas en pantalones y en situación de avance. Los colegiales que los cruzan van uniformados con colores alegres según la institución a la que pertenezcan y todos llevan un sombrero de ala ancha para protegerse del sol. Apenas hay edificios antiguos porque este país es muy joven. Los que quedan de la colonia inglesa suelen ser museos o edificios gubernamentales protegidos. Los antiguos hostales siguen recibiendo el nombre de hoteles, aunque ahora no alberguen huéspedes y sean una especie de pubs. Y hay carros metálicos de supermercado abandonados por todas partes: calles, orillas del río, vías del tren… Hasta en el portal de nuestro edificio hay un aviso escrito sobre la prohibición de introducirlos en el garaje o los pasillos por ser una propiedad privada y constituir un delito su apropiación o su abandono.
 

Church Street
No hemos probado carne de canguro ni ningún alimento que pueda considerarse peculiar más que el Vegemite, esa pasta oscura, amarga y salada que se unta en tostadas como base sobre la que se añade otra cosa que la haga soportable. No me ha gustado y no he repetido porque su alto contenido en sodio la convierte en incomestible para una persona como yo que apenas tolera la sal. Desayuno todos los días arándanos, mangos, kiwis, fresas, nectarinas, melocotones y toda clase de fruta, que encuentro madura y sabrosa como la de mi infancia y mis estancias latinoamericanas. Hay cocos de agua y hortalizas que desconocíamos y vamos probando. En todos los lugares para comer te ofrecen agua del grifo gratis y te la sirven en abundancia. Como es una sociedad tan diversa, la comida y las costumbres que la acompañan también lo son. Nos encanta irlas descubriendo poco a poco, a menudo gracias a los anuncios y las series de televisión.

Embarcadero del  ferry en el río Parramatta
Por suerte, la lengua no ha sido un problema. Nos ha resultado más fácil entender el inglés de esta zona que el neoyorquino, por ejemplo. Es cierto que hay mucho slang y modismos, pero la gente es amable y se esfuerza en darse a entender y en entendernos. Es una sociedad acostumbrada a la inmigración y nadie te toma como extraño, como sí sucede en otros lugares angloparlantes del planeta. Con todo, a veces sí es un reto descubrir a qué palabra corresponde alguna de sus muchas abreviaciones: por ejemplo, los avocados (aguacates) son avos; los kangaroos (canguros) son los roos; el breakfast (desayuno) es el brekkie; la barbecue (barbacoa) es la barbie; Aussi y Oz son Australia; Parramata es Parra, y así sucesivamente. Hasta en los anuncios… McDonald’s se llama Macca’s en Australia.

Parque natural del lago Parramatta
Caminamos muchísimo porque no tenemos coche y solo utilizamos los servicios públicos de transporte para largas distancias. Estamos conociendo la espléndida bahía de Sídney navegando en sus ferris y vamos viajando a los parques naturales más próximos en los eficientes trenes que vertebran toda esta zona del país. Tenemos planeadas escapadas a lugares más distantes y todavía nos queda mucho por descubrir en los meses próximos que pasaremos en estas estimulantes antípodas de España, que nos obligan a repensar y cuestionar día a día lo aprendido y sus consecuencias. 


La lengua destrabada

Si te interesan los asuntos de lengua y escritura, te invito a leer La lengua destrabada. Manual de escritura, publicado por Marcial Pons (Madrid, 2017). Clica en este enlace para entrar en la página de la editorial, donde encontrarás la presentación del libro y este pdf, que recoge las páginas preliminares, el índice y la introducción completa.  

  





¿Te gusta este blog? Te animo a leer alguna de mis novelas. 

2 comentarios:

  1. Bienvenida Cármen. Yo también vivo en Sídney, y voy a menudo a Parramatta :)

    Charles

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Charles. Se me harán cortos los meses que viviremos aquí porque hay muchísimas cosas que conocer.

    Un cordial saludo desde Parra.

    ResponderEliminar